Esto es una reflexión chorra, sin ningún método científico ni pretensión de validez. Una idea de esas que se me ocurren, de vez en cuando. A ver que les parece…
Cuando yo era crío, antes de que a los chismes se les llamara gadgets, el aparato electrónico por antonomasia, el que cualquiera tenía, era el reproductor portátil de cinta de casette. Ese, al menos, es el término pedante. En lenguaje coloquial, la gente lo llamaba “los cascos”, o también, “el walkman”. Walkman es un nombre comercial, una marca acuñada por la multinacional de la electrónica Sony, que durante mucho tiempo alegó ser también la inventora del concepto. Jamás tuve un walkman de la marca Sony, y sin embargo, a todos los que sí tuve me referí con ese nombre.
Hoy en día, a nadie se le ocurre comprarse un cacharro de cinta. Lo que peta es el MP3. Si vives en España, es posible que tu reproductor MP3 sea de una variada gama de marcas, aunque el mercado mundial está dominado de calle por el iPod de Apple. No obstante, nadie se refiere a su reproductor portátil de sonido como “el iPod”, a no ser que el suyo sea de la marca de la manzana.
A lo que voy es a que el branding, el poder de la marca, se ha incrementado tanto en las dos últimas décadas como para que nadie se plantee usar la marca iPod como nombre genérico de la categoría de productos “reproductor de música en formato MP3″. Avanzo que no he leído “No logo“, de Naomi Klein, así que quizás esto que esté contando sea una completa obviedad. Pero el caso es que la gente que decía “el walkman”, ahora no dice “el iPod”.
Por otro lado, pero en el mismo sentido, el mismo lenguaje coloquial ha experimentado otra evolución. La gente se refiere a su reproductor musical como “el MP3″. Incluso, de forma reduccionista e incorrecta, “el MP4″, si se trata de un reproductor con vídeo. Cuando hablamos de reproductores de DVD, a no ser que seamos aficionados a gastar dinero a cambio de menos prestaciones, lo que se suele buscar es uno que acepte el formato DiVX y sus derivados. Así pues, mientras las grandes marcas de la electrónica intentan vendernos nuevos formatos físicos de disco, la gente lo que busca son formatos de archivo. El triunfo del software (que puede ser libre) sobre el hardware (que, muy frecuentemente, será esclavo de las especificaciones de algún fabricante).
Sí, ya lo sé, tengo que relajarme más a menudo…