Como el Camarada está de vacaciones en guirilandia, el muy cabrón, y por aquello de mantener el chiringuito activo, os voy a recomendar el último libro que me acabo de leer, y que al que el Camarada tenía echado el ojo (está el primero en la cadena de préstamos, pero Vd. puede ser el siguiente). Se llama “Burlando a la parca” (Beat the Reaper), de un tal Josh Bazell.
El prota es un joven que abandonó una prometedora carrera como mafioso para comenzar una no tan prometedora carrera como médico. Por el camino se dejó su amistad con la mafia, que, cual novia despechada, ha puesto precio a su cabeza. Pero [modo ‘estrenos TV’ on] el pasado se cruza en su camino [off] cuando se encuentra con un paciente en fase terminal, que resulta ser de la Famiglia. Y llegan a un pacto entre caballeros: tú me salvas la vida y yo* no me chivo.
(*) Quicir, un amigo que conoce a tu antiguo jefe y ya está avisado de lo que pasa, por si yo las palmo.
Nuestro amigo lee los informes y se aterroriza: al mafioso le quedan dos telediarios. Y no sabe cómo librarse de este problema, por más que los médicos estén preparados para eludir responsabilidades:
“Post Status”, abreviado en “p/s”, es un término médico que significa “posterior a” e implica “no necesariamente causado por”. En latín quiere decir “intenta denunciarme ahora, so cabrón”.
En general, la ambientación hospitalaria es lisérgica, a lo que colabora el hecho de que el doctor es adicto a todo tipo de medicamentos. Pero no es un remedo de Gregory House; House es como Sherlock Holmes, y nuestro héroe es una mezcla de Huckelberry Finn y el Capitán Alatriste. En la contraportada se aclara que el autor es médico pero trabaja “en un hospital que no se parece en nada al de la novela”, lo que, dado el nivel descriptivo que muestra, me suena a paupérrimo disclaimer. Desde luego, no es el Priceton-Plainsboro… Véase lo que dice de los avisos urgentes del tipo “¡Código dos-cero-seis!”:
Los códigos le encantan a todo el mundo, porque hay que actuar como si estuvieras en la tele; aunque no llegues a gritar “fuera” con las palas del desfibrilador, tendrás que sujetar la máscara de oxígeno (…) y viene gente de todo el hospital, de modo que es una gran oportunidad para tener trato social.
La mafia también está descrita de una forma un tanto desmitificadora, más cercana a los torpes esbirros de Cruella de Vil (por cierto) que a Don Vito Corleone. Distingue dos tipos de mafiosos: matones y abogados. Y con ellos viajó a Sicilia:
Ahí tienen algo divertido que hacer la próxima vez que viajen a Sicilia: Váyanse a tomar por culo de allí. Corriendo. Este sitio ha sido una mierda desde que los romanos quemaron los bosques para disponer de campos de trigo lejos de las plagas de langosta
Por complicar un poco la trama, el muchacho es de ascendencia judía, y hace un viaje a Auschwitz para visitar el lugar donde vivieron sus abuelos, tras ser delatados por un colaboracionista:
Los nazis fueron ampliando el campo siempre que tenían oportunidad, de manera que para llegar a las famosas verjas del “Arbeit Macht Frei” hay que pasar por una cafetería, un kiosko de carretes fotográficos y las taquillas, que están en el edificio donde tenían a los esclavos sexuales.
En fin, como habréis podido ver, el libro destila acidez con “buen rollito” por todas partes. Uno se lo puede imaginar interpretado por personajes de “Los Simpson” como este o este, cuando nos suelta perlas como estas:
La simple posesión de un silenciador es delito desde la guerra de Vietnam. No sé por qué. Cierto que sólo se utiliza en asesinatos, pero lo mismo cabe decir de los fusiles de asalto, y en la NRA se pueden adquirir sin dificultad y a buen precio.
¿Creen que el dinero garantiza una buena asistencia sanitaria, en un país que gasta el doble per capita que cualquier otro, con resultados que no lo incluyen entre los 36 primeros? Fíjense en Michael Jackson.