El retorno del pulserismo
Me acabo de enterar —gracias a un compañero— del penúltimo timo mágico-energético-natural que te otorga poderes sobrehumanos a cambio de una —pequeña— cantidad de dinero: la pulsera Power Balance.
Obviamente, cuando me han dicho que una pulsera de silicona con un par de hologramas pegados mejora tu equilibrio, tu resistencia física y tu fuerza, he retado al portador a ponerse una docena de pulseras en cada brazo e intentar resistir un gyaku tsuki de un servidor sin pestañear. No sé por qué se ha negado. ¿Falta de fe en los hologramas?
Coñas aparte, produce auténtica vergüencita que personas adultas se traguen las explicaciones de cómo funcionan las mágicas pulseritas. Según la web de los vendedores timadores:
Power Balance ® es un holograma de MYLAR en el que ha sido almacenada una frecuencia procedente de materiales naturales conocidos por sus efectos beneficiosos para nuestro cuerpo.
Despóllome, oigan. Así que han “almacenado” una ¿frecuencia? —como mola emplear jerga pretendidamente técnica, ¿sabrá el cacho de carne con ojos que ha escrito esto lo que es la frecuencia?— en un holograma. Y esa “frecuencia” procede de “materiales naturales” —sin especificar cuales, no vayan a cagarla— “conocidos por sus efectos beneficiosos”… Póngame un holograma de esos con “frecuencia” de cerveza de trigo belga, joven, que es beneficiosa de cojones.
Pero la cosa sigue, con frases que no necesitan comentario alguno:
Power Balance, en efecto, es una frecuencia en sí, almacenada en un medio –el holograma-, que restaura el equilibrio eletromagnético de tu cuerpo aislando a cada célula viva de los factores externos que le impiden funcionar al 100% de sus capacidades.
Sólo apuntar que una célula “viva” aislada de “factores externos” es posible que deje de estar “viva” en un ratito… Del resto de sandeces nos abstendremos de decir más.
De todas formas, es fácil para la gente poco ducha en detectar timos distinguir una serie de “argumentos de venta” comunes a todos ellos:
- Hablar de “energía”, sin especificar tipo —¿es energía potencial, cinética, química…?— ni procedencia. Oh, sí, procede de una “frecuencia”.
- Meter jerga “técnica” a cascaporro. Si cuela, cuela: frecuencia, actividad físico-mecánica, células, campos magnéticos, química…
- Recurrir a la falacia de autoridad. Poner los caretos de un montón de “famosos” que la utilizan en su web. Y mentar al pobre Albert Einstein, que debe revolverse en su tumba cienes de veces al día.
- Hacer hincapié en que es de “origen natural”. Lo “natural” siempre es bueno, ya se trate de un queso a las finas hierbas o un mordisco de piraña en los cojones.
Pero aún hay más. Echando un ojo a la sección de “Productos” de su web veremos que también venden el holograma ¡pegado en una tarjeta de plástico! Que es como una Visa pero sin pasta, vamos. Paseo a diario un puñado cojonudo de tarjetas con el holograma de la palomita en mi bolsillo. Será el origen de mi natural elegancia y gallardía, de mi savoir faire y de ese “magnetismo” —¡ajá, lo sabía!, ya salieron las “fuerzas telúricas” a relucir— que hace que las féminas se desmayen a mi paso. O de la cara de felicidad de esas mismas féminas cuando entran en el Strafalarius con el holograma de las tarjetas bien cargado de energía “eurística” —no, no está mal escrito, es la energía “subyacente” en un montón de euros— el primer día de rebajas.
Seguro que conocen a alguien que porta orgulloso la pulserilla de las narices… y “le funciona”. Compartan con nosotros la experiencia.
Banda sonora: ‘Magnetic fields’ de Jean-Michel Jarre.


