De pequeñitos nos enseñaban en el colegio que podíamos distinguir entre cuatro sabores. Se ve que los sabores, como casi todo, han ido degenerando a medida que avanzaba la tecnología, y ahora mismo si consumes cualquier alimento procesado —y casi todo ha sido procesado de un modo u otro— sólo serás capaz de distinguir tres sabores primarios: sabor autorizado, sabor a polvos y sabor a cancamusa.
Cómo distinguirlos, os preguntaréis. Tranquilos, con unas sencillas pautas y un poco de observación podéis convertiros en catadores de comida procesada en menos de una semana. Vamos con esas pautas:
El sabor autorizado es muy fácil de distinguir. Casi todo lo que lleva colorantes y saborizantes sabe a sabor autorizado. La mayor parte de los sabores autorizados pretenden evocar en nuestro paladar el recuerdo de ciertos productos naturales pero se quedan a medio camino. O incluso más lejos. Claros ejemplos de este caso serían los yogures, batidos, zumos de fruta, helados, los palitos de merluza y la leche entera.
El sabor a polvos va un paso más allá. Su primera intención sería alcanzar las cotas de placer sensual que puede producir el sabor autorizado en cerebros poco refinados, pero lo cierto es que fracasa estrepitosamente en su misión. Son estos productos que prometen una orgía sensorial en el exterior del envase y una patada en las amígdalas en su interior. Estos alimentos —por llamarlos algo— publicitan un sabor que no se acerca ni remotamente a lo que experimentarán, aterradas, nuestras papilas gustativas. Y todos ellos —todos del verbo todos— saben prácticamente igual. Ejemplos de sabor a polvos son las Pringles, las patatas sabor jamón, el surimi, la leche desnatada/enriquecida/supervitaminada-y-supermineralizada y los fritos sabor barbacoa. Por cierto, ¿alguno de vosotros tiene idea de a qué sabe una barbacoa? ¿A carbón quemado? ¿A pavesas de papel de periódico? ¿A metal grasiento churruscado? ¿…? Pero… perdón, no nos desviemos del tema.
Por último llegamos al sabor a cancamusa, que es a lo que saben esas cosas que no están mal del todo pero no tienes ni idea de a qué coño saben —notese que esto es meramente una figura retórica—. Un caso notable de sabor a cancamusa sería el pastelito de la Pantera Rosa.
Lógicamente, en muchos otros productos os encontraréis con combinaciones de estos tres sabores básicos en distintas proporciones.
¿Os atrevéis a clasificar vuestras bazofias favoritas?
Banda sonora: ‘El sabor de las cosas’ de Los Piratas.