Cuentan las malas (o buenas) lenguas que, en una gira internacional de El Tricicle, presentando su espectáculo Manicomic, recalaron en Japón. En uno de los sketches, el de la limpieza, se dedican a dejarlo todo impecable, al límite de un TOC. A todo esto, en el patio de butacas nadie esbozaba ni una media sonrisa, mucho menos una carcajada. En resumen, no les hacía ni puta gracia. Al terminar la sesión, preguntaron al intérprete: “¿Que les pasa?”. La respuesta les dejó planchaos: “No les pasa nada, es que los japoneses somos así con la limpieza, por lo que los espectadores no lo ven como algo cómico”.
Y en eso, voy un día a leer mis feeds RSS, encontrándome con este post de los Microsiervos, el de “Internet sin ordenador”. Ya saben, la performance hecha en La Coruña (creo) en la que le escribes un correo a alguien, y se lo entregas a la señora SMTP, quien busca al señor TCP/IP, que… Todo con actores que interpretan a los protocolos de comunicación de Internet. Y es todo supergracioso y superartístico.
Menos si trabajas en algo relacionado con la Administración de Justicia. Porque mientras Hacienda, la DGT, y cualquier otra administración pública que genere ingresos para las arcas del Estado, dispone de avanzados métodos de comunicación telemática oficial, en la Justicia el mundo es como en el vídeo de los Microsiervos, pero sin metáfora divertida. En su más cruda literalidad. Tu presentas un escrito en el juzgado, el señor auxiliar se lo lleva al oficial, quien se lo lleva al secretario, que se lo pasa al juez. El juez decide, firma el escrito y se lo pasa al oficial, y vuelta a empezar.
Lo más gracioso es cuando se trata de un juzgado de pueblo y los asuntos tienen que llegar a la capital. Entonces, se mandan por mensajero, y a esperar a que lleguen. Es normal que un auto firmado y sellado tarde dos semanas o más en llegar a su destinatario. Si el destinatario contesta, multipliquen. Porque la contestación tiene que llegar a las demás partes.
Y es mejor todavía cuando uno de esos funcionarios intermedios (pongamos que es la señora SMTP) se va de vacaciones, y luego se coge la baja. Entonces, la Comunidad Autónoma con competencias transferidas, que debería cubrir la vacante, no tiene pasta porque se la ha gastado en fastos varios del consejero autonómico de la cosa. Así que la plaza queda sin cubrir, y el papelote se queda sobre la mesa hasta que termina la baja. Entonces, cuando vuelve la señora SMTP, se tramita.
No pasa nada. Esto sucede cientos de veces todos los días en toda España. Salvo que el papelote fuera el auto de ingreso en prisión de un pederasta reincidente. En ese caso, si el tipo va y mata (presuntamente) a una de sus víctimas, entonces ya no tiene nada de gracioso. Pero nadie va a ir a cortarle las gónadas a la sarta de ministros, consejeros autonómicos, diputados y políticos varios que han permitido que esta vergüenza decimonónica llegue al muy telemático siglo XXI.
Pero me estoy yendo por las ramas, y lo que quería decir es que a mí, el vídeo citado no me hace gracia, porque para mí es el pan nuestro de cada día. Igual que los japoneses de El Tricicle.