Hoy he leído una noticia que no me ha sorprendido: La Expo de Shangai se desinfla.
Seamos serios. El concepto de “expo” (”ehpó” o “egpo”, según la variante fonética preferida) está algo desfasado. Antaño, en un sarao de estos se organizaba algo digno de ver, arrejuntando en una ciudad unas cuantas maravillas del mundo, que de otra forma era difícil poder contemplar; y a la que te descuidabas te construían una torre desmontable para animar el cotarro. Pero ahora ya no nos hace tanta gracia; estamos hartos de ver los paraísos lejanos por la tele, en versión “documental de la 2″ o “isla de los famosos”, a elegir. Y mira que hay chinos en China, pero ni por esas.
Y es que las “expos” se nutren, mayormente, de autocares de jubilados. ¿Que toca Zaragoza? Paquete turístico con visita al Monasterio de Piedra y a la Pilarica. Reservamos otro porcentaje para los estudiantes, y tenemos casi completo el aforo. En el caso del Forum de Gafapastown el desastre fue absoluto, pues su orientación modenna-altrenativa-cultureta prácticamente excluía al visitante de la tercera edad. Y así les fue, claro.
¿Y cómo se organiza una Expo?
- Se designa un comisario (comisionado, plenipotenciario, M.C., o algo que suene aún más rimbombante), de reconocido prestigio, al mando de la nave. Si el alto cargo normal suele tener cierto grado de inutilidad inherente al cargo cuando su área de competencia se refiere a algo más ‘tangible’ (obras públicas, sanidad, economía), qué se puede esperar de quien asume tareas más etéreas.
- Se le asigna un presupuesto estratosférico; mejor que zu-zobre, que la imagen del país estado está en juego. Es sabido que los presupuestos tienen la particularidad de componerse de partidas, irreconciliables entre sí: si llegado el caso en la de “jardinería” sobra dinero y falta en la de “alumbrado”, la solución será poner más aligustres con la esperanza de que su flor atraiga a las luciérnagas.
- El comisario se rodea de un comité de los mejores trésnicos y artit-tas, todo ello dotado de una remuneración acorde a la magnitud del evento. Un antiguo jefe mío, ingeniero de caminos él, me comentó que se encontró a un ex-compañero de carrera en uno de estos puestos de responsabilidad. El tipo había llegado varios años antes que él a la facultad, donde era conocido por su activismo político, y todavía siguió allí activado otros cuantos años más cuando mi jefe terminó la carrera. Pues su primer empleo ingenieril fue el de capo di tutti capi de las faraónicas obras de una expo, con sueldo de faraón, por supuesto.
- El proyecto se acomete en plan “consultoría informática”: costes disparatados, abuso del ‘matar-moscas-a-cañonazos’_ismo, absoluto desprecio del usuario (y del sentido común), sacrificio de lo ‘eficiente’ en aras de lo ‘visual’, se comienza a trabajar sin saber lo que hay que hacer, y se emplean subcontratas de subcontratas de subcontratas.
- Según se va acercando la fecha de la inauguración, el caos se adueña de la situación. Y algo que parecía inimaginable sucede: el presupuesto se agota. Se recurre a nuevas inyecciones de capital público y se contrata a más artit-tas. Los mejores. Esta vez sí. Y se le vende a la opinión pública que gracias al evento la ciudad vivirá una época de inaudita prosperidad, y una vez terminada la cosa, las infraestructuras revertirán a la comunidad prolongando el regocijo de sus habitantes por los siglos de los siglos.
- El proyecto se termina en plan “consultoría informática”: como se va fatal con los plazos, el día antes de la inauguración se sujeta con power point cinta americana todo lo que no se tiene en pie, se distribuyen DVD’s con “visitas virtuales” en 3-D y, finalmente, se le echa la bronca a las subcontratas, obligandolas a seguir trabajando, aunque sea por las noches, si quieren cobrar.
- Para recuperar el dinero invertido se establecen precios populares: una entrada (relativamente) barata que atraiga a los incautos y, una vez dentro, se les obliga a realizar actividades deshidratantes (esperar largas colas al sol, por ejemplo) y se les cobra la cerveza a precio de oro. Sin embargo, los ingresos derivados se pierden en los vericuetos de la letra pequeña de las concesiones, casualmente otorgadas a amigos de reconocido prestigio.
- Los medios de comunicación loan las virtudes del estaribel, en especial del pabellón minimalista chinguanés, obra del afamado arquitecto Mushashito Shikitito, que ha tenido la osadía de plantar cuatro paredes blancas con gotelé. Se trata de establecer la corriente de opinión “no te lo puedes perder”, modalidad “angustiosa”. Y que la gente no se pregunte qué cojones va a ir a ver.
- Finaliza la exposición con un acto de bombo y platillo, fuegos artificiales y música de Queen. Inmediatamente, se corre un tupido velo sobre el asunto de los costes. Se despide a las contratas y se recoloca a los directivos en otros puestos de igual sueldo pero donde no puedan causar más daño. Al día siguiente (epic mode on), el otrora bullicioso recinto, ahora desierto, pasa a los dominios de Cronos, que lanza su castigo en forma de envejecimiento prematuro, y así al cabo de pocas semanas pareciera que han pasado años, y pronto aquella fabulosa inversión se desvanece (off), y ni revierte ni pollas.