No se me alboroten. El Camarada me envía un enlace a la página de Algernon, que comenta la noticia aparecida en la prensa sobre la nueva ley italiana de legítima defensa. Así que, en aras del principio de distribución del trabajo, me pongo a lo mío, que son las leyes.
Antes que nada, les diré que mis conocimientos de italiano se limitan al “cuando arrivia a casa…” del anuncio del capuccino. Así que no he podido leerme el texto legislativo italiano. Eso sí, he seguido el link que lleva a un artículo de Il Corriere della Sera y he consultado los resultados de la encuesta. Por lo que he podido deducir, la ley establece que una invasión del hogar por asaltantes armados supone tal peligro para la vida y la integridad, que la utilización de fuerza letal para repelerla es proporcionada, y por lo tanto, encaja en el esquema clásico de la legítima defensa. Nada más. Y nada menos.
En primer lugar, les confesaré que soy un hobbesiano confeso. No Hobbes el tigre de peluche, sino Thomas Hobbes.

Exacto, el de: “El hombre es un lobo para el hombre”. Se me van situando, ¿no?. Así que, desde siempre, he confiado en un Estado represor que, como ciudadano cobarde e inofensivo que soy, me proteja de las alimañas a dos patas que habitan nuestra sociedad. Les resultará una postura terriblemente conservadora y retrograda. Si a los ocho años su madre hubiera sido atracada a punta de navaja, y a los trece hubieran sido agredidos físicamente al resistirse a un robo, seguramente me entenderían.
Pero hablabamos de la legítima defensa. Nuestro Código Penal es claro y tajante: la defensa es un derecho. Así que quien, como última medida, se defiende proporcionalmente de una agresión ilegítima, actua conforme a la ley. El diablo, como siempre, está en los detalles.
Última medida. Proporcionalidad. En el perfecto mundo teórico en el que vive la inmensa mayoría de nuestra judicatura (¿que creian, que después del varapalo contra la prensa no tenía nada para los togados?), esas cosas son posibles. Es decir, si a ti te atracan en la calle, tú, como en un videojuego, consultas la lista de armas que llevas encima, y eliges la que se adecue a la entidad de la agresión. Para ser justo y equitativo.
O imaginen otro ejemplo. Te despiertas en medio de la noche, al oir un ruido en tu casa. Tus hijos y tu mujer duermen. Coges la escopeta de caza que guardas en el altillo, e investigas el suceso. El ruido resultan ser dos tipos armados (es indiferente su nacionalidad, así que no me salgan con la xenofobia), que han entrado a robar en tu casa sin importarles que tú y tu familia esteis dentro. Para ser proporcional, primero tendrías que ordenarles deponer su actitud. Después, efectuar un disparo de advertencia. Y como último recurso, antes de rendirte y dejar que te metan la escopeta por el culo, disparar a zonas no vitales.
La realidad suele ser un poco diferente. El corazón bombea como si estuvieramos escalando el Tourmalet, la adrenalina fluye a litros por el torrente sanguíneo, el pensamiento consciente deja paso al cerebro reptiliano: sobrevive. Huye o pelea. Si no puedes escapar, lucha. Y cuando uno lucha para sobrevivir, no puede andarse con medias tintas. “La puntita nada más, que si no soy maaalo”. Así que el hombre de la escopeta suele disparar al bulto. Si tiene buena suerte, la policia llegará a casa media hora después de que la alarma saltara, y le llevarán a comisaría, a declarar como imputado por un presunto delito de doble homicidido. Y creanme, eso no es tan malo. Como imputado, uno no está obligado a decir la verdad (cosa que como testigo no sucede), y puede ir acompañado de abogado (que el testigo no puede usar). Así que, al principio, te amparan todas las garantías del Estado de Derecho. Lo jodido viene después. Cuando un fiscal y un juez que en la puta vida se han visto ante una situación de vida o muerte, tienen que decidir sobre si tu defensa fue necesaria y proporcional.
Así que si quieren mi opinión, les diré que la ley italiana me parece fatal. Sí, fatal. Me parece un absoluto fracaso del Estado de Derecho, que debe monopolizar el uso de la fuerza en defensa de los ciudadanos. La cuestión es qué alternativas hay frente a esta claudicación. Las eternas promesas de más policia, más medios, más represión, no parecen servir de mucho. En un Estado garantista, con una legislación procesal permisiva y unas penas de chiste, los que han cruzado el punto de no retorno que supone estar dispuesto a usar la violencia y la intimidación para apropiarse de unos bienes, tienden a no sentirse intimidados. Y cuando la intimidación falla, cuando el Leviathan no da miedo, volvemos a la jungla.
Y la jungla es jodida. En la jungla, hay muchas posibilidades de que la defensa no sea efectiva. Que el disparo falle. Que nos tiemblen las piernas, el pulso, la puntería. El ciudadano de a pie no está acostumbrado a la violencia en primera persona. Así que recurrir a la autodefensa me parece peligrosísimo. Si tenemos que creer a Michael Moore y su “Bowling for Columbine”, en EE.UU. la mayoría de accidentes domésticos con armas de fuego son causados por honrados ciudadanos a los que se les dispara el arma, o le dan a quien no querían… o peor todavía, el arma es arrebatada por el delincuente, que la usa contra él. Así que no crean que soy un defensor de la solución “Far West”.
Pero sobrevivir a una situación de peligro mortal, enfrentándote a unos delincuentes armados, en tu propia casa, para terminar en el talego, tampoco me parece el colmo de la justicia. Así que, ni sí ni no, sino todo lo contrario. ¿O que esperaban, una respuesta simple y monolítica, como las que suelen dar nuestros líderes de opinión?