He esperado un par de días, para no caer en el topicazo de escribir sobre los 25 años del 23-F, precisamente, el día de la efemérides.
Pero no he podido aguantar más. El escrito que ha sacado el Congreso de los Diputados, redactado por consenso (yo más bien diría “por cojones”, pero no queda igual de bien) me ha sacado de mi intento de evitar lo inevitable. Como si la Historia fuera una cuestión de consenso, en lugar de algo parecido a contar lo que realmente pasó, por vergozosa que resulte la participación de uno en los acontecimientos.
Copio y pego directamente del wiki de Escolar.net:
La carencia de cualquier atisbo de respaldo social, la actitud ejemplar de la ciudadanía, el comportamiento responsable de los partidos políticos y de los sindicatos, así como el de los medios de comunicación y, particularmente, el de las instituciones democráticas, tanto la encarnada por la Corona como por las instituciones gubernamentales, parlamentarias autonómicas y las municipales, bastaron para frustrar el golpe de estado.
¡¡Que huevos hay que tener!! Yo era muy pequeñito cuando la fallida asonada, y mi recuerdo más nítido es salir de clase de judo, con el anorak encima del kimono, de cuya manga tiraba mi madre, nerviosa como un flan. Así que no soy un testigo privilegiado.
Con los años, he conocido a gente que, en idénticas circunstancias, tuvo una perspectiva diferente. Concretamente, a los hijos de dos políticos de izquierda, de bastante relevancia en el escalafón regional de su partido. Ambos padres, casualidades de la vida, fallecidos a temprana edad, así que guardaré su identidad celosamente en secreto. Eso del comportamiento responsable de los partidos, particularmente, me sonó a guasa. Según estos dos amigos, que no se conocen entre sí, sus respectivos domicilios se parecían en aquellas difíciles horas a una madriguera llena de conejos asustados, que no sabían qué hacer ni a donde ir. Si el golpe, realmente, hubiera tenido algo más de respaldo, con un par de redadas en esas dos casas, los golpistas hubieran descabezado a la cúpula de la oposición de dos Comunidades Autónomas enteritas. En cuanto a los valientes nacionalistas, es célebre en el País Vasco la anécdota de ese heroico gudari al que la Guardia Civil del Mar tuvo que rescatar en medio del Cantábrico (¿o era en aguas del Bidasoa?), tras zozobrar mientras intentaba arribar a costa francesa en una chalupa hinchable. De los catalanes, sé que la ocupación hotelera en Perpignan, al parecer, desbordaba la de los tiempos en que Marlon Brando sodomizaba a Maria Schneider en “El último tango en París”.
Es curioso, la historia del comandante de la base aerea de Manises (Valencia), ha pasado desapercibida. El tipo, al parecer, telefoneó a Milans del Bosch cuando avistó una columna de blindados que se acercaban a sus dominios. Las excusas del sedicioso general le resultaron tan extrañas que le hizo la siguiente advertencia:
-Tengo dos (Mirage) F-1 en la pista, armados con cohetes. O esos tanques dan la vuelta, o los convierto en chatarra humeante.
Este diálogo apareció en la prensa el año pasado, en uno de esos especiales conmemorativos del “Tejerazo”.
Yo no sé si el Rey paró el golpe, o si todo fue una increible mezcla de casualidad, incompetencia de los golpistas y buena suerte. Es posible que, en un cálculo desapasionado, nuestro monarca sopesase los pros y los contras, y optase por la democracia, no por un profundo sentir constitucionalista, sino por el peso del pragmatismo. Lo que desde luego no me trago, ni borracho de vino barato, es el papel estelar que reclaman Sus Señorías. El vídeo es todavía más cruel que las hemerotecas, y es público y notorio que, a la primera rafaga de metralleta, todos los diputados se cagaron por la pata abajo. Los únicos que mantuvieron el tipo fueron Carrillo, Gutierrez-Mellado y Suárez. ¿Que las instituciones gubernamentales, parlamentarias, autonómicas y municipales bastaron para frustrar el golpe? ¡¡Venga ya, hombre!!
A este paso, las chuscas “Sevillanas del Golpe”, que aparecieron en casette a los pocos meses, van a parecer género documental al lado de semejante mamarrachada.