I
— ¡¡¡Andreeeeés!!! ¡Ven aquí inmediatamente!
— Voy, mamá —contestó Andrés arrastrando los pies con desgana hacia la cocina.
El eterno y desagradable tufo a coles hervidas impregnaba el ambiente. Su madre le esperaba con un papel en una mano y un cuchillo de cocina en la otra. Tiró el cuchillo al fregadero, afortunadamente. Con gesto violento, menos afortunadamente.
— ¿Así es cómo te he educado? Es la tercera vez que recibo una citación de tu tutor por, leo textualmente, Consumo de sustancias prohibidas por el Minisan. ¿Qué tienes que decir, jovencito?
— …
— Esta tarde tengo que ir al colegio. ¿Qué le voy a decir a tu tutor?
— …
— Lo que no entiendo es de dónde sacas esas porquerías… Bueno, ¿no vas a decir nada?
En ese momento se abrió la puerta de la casa y entró el padre, sudoroso, con su atuendo de ciclista.
— Julián, menos mal. ¡Mira, otra vez lo ha vuelto a hacer! —exclamó la madre agitando la citación ante sus ojos.
— Tranquilízate, mujer. Sólo son chiquilladas. Voy a ducharme antes de comer —dijo, escabulléndose escaleras arriba.
II
— Espero que entienda la gravedad del, ejem.., asunto, señora Ramírez. Esta vez hemos sorprendido a su hijo comiendo galletas rellenas de chocolate, en el servicio, con otros dos niños.
— Pero, ¡es que no lo entiendo! En casa siempre hemos respetado la LASC. ¿Quién le arrastra al consumo? ¿De dónde obtiene esas guarrerías?
— Como usted sabrá, desde la aprobación de la LASC en el año 2008, todas las fábricas, como esos desviados de Casa Tarradellas, donde se producían alimentos nocivos y contrarios al, ejem…, bien común fueron clausuradas. Pero… —el tutor hizo una larga pausa— hay gente que tiene, ejem…, laboratorios ilegales en sus casas. Aún no es posible actuar contra ellos. Tal vez el año próximo, una vez aprobada la directiva Salgado, podamos sacar a esas, ejem…, ratas de sus agujeros.
— Pero, mientras, ¿qué puedo hacer como madre?
— Vigilar a su familia. Alimentarla sanamente. Y rezar por ella, señora Ramírez, ejem…, rezar.
III
— Papá, esta vez la he cagado, ¿verdad?
— Tranquilo, Andrés. Sólo tienes que aprender a parecer saludable. Mírame a mí. Todos los días me doy un paseíto en el puto hierro este —contestó el padre, agachado, mientras engrasaba la cadena de la bici—. Trata de no olvidarlo. Sólo así podrás disfrutar de las cosas buenas de la vida.
— ¿Y podré probar la cerveza que haces en el cobertizo?
— Claro, algún día —contestó Julián, incorporándose. Paseó la mirada por el garaje, su Libertatia—. Anda, pásame la llave del 12 y echa un ojo al horno, que creo que las galletas ya están a punto. Y pon en marcha el extractor, que tu madre no tardará en volver.
Banda sonora: ‘Biscuit’ de Portishead.