Mentira, mentira cochina…
No hagas nada malo. Si lo haces, no lo cuentes. Si lo cuentas, no lo escribas. Si lo escribes, no lo firmes. Y si lo firmas, niégalo todo y llama a tu abogado.
* Dicho popular entre los letrados.
Comentaba el otro día, con mi compañero de prácticas, lo dura que es la vida de un abogado penalista como los que nos encontramos todos los días. Negar la evidencia más apabullante, refugiarse en los vericuetos de la jurisprudencia, y todo ello con la más impresionante cara de poquer, cuando no con la elocuencia del mismísimo abogado de Dreyfus.
Mi colega tiró de sentido común y me improvisó un aforismo de resonancias futbolísticas, pero que entronca con la obra de mi admirado Orson Scott Card y sus Cuentos de Alvin Maker:
Es más fácil destruir que crear. Tú puedes construir la acusación más perfecta, con pruebas contundentes y testimonios sólidos, como si fueras un Ronaldinho de la toga. Puestos a tener que defender lo indefendible, es más fácil hacer de Pablo Alfaro y llevártelo todo por delante.
Y eso que lo que nos encontramos todos los días son picapleitos de tropa, que defienden vehementemente que, aunque su defendido perdiera el control del vehículo, se estrellara contra un contenedor de basura, una puerta de garaje y estuviera a punto de atropellar a un peatón, y diera 0,7 en la prueba de alcoholemia… Él no conducía bajo los efectos del alcohol.
Imagínense lo que argumentarán abogados de casos más serios, de bufetes de relumbrón, y ante acusaciones muchísimo más graves…

