
Es posible que nunca se hayan parado a pensarlo, pero resultan asombrosos los grandes adelantos técnicos que pueden lograrse gracias a la implantación de estándares.
Valga como ejemplo el caso de las latas de galletas danesas. Tomen dos latas de distinto fabricante al azar y prueben a intercambiar las tapas. Encajan perfectamente, ¿verdad? Da igual dónde las compres, de que marca sean, si las galletas están buenas o rancias, si llevan trocitos de chocolate o de excrementos de ratón… Da lo mismo. Son todas iguales.
Curioso, ¿no? Independientemente del país de procedencia —sí, amigos, ya iba siendo hora de que alguien se lo dijera: las galletas danesas vienen de cualquier sitio menos de Dinamarca—, todas son compatibles entre sí.
Entonces, me pregunto, ¿por qué hostias no son capaces los fabricantes de teléfonos móviles de unificar criterios (ni siquiera dentro de su propia gama, so cabrones) con los putos cargadores de los cojones?
Banda sonora: ‘Milk and cookies’ de R.E.M.