Me lo cuenta Maiko (a mí y la legión de rendidos admiradores de su blog, no os creais que tengo tanta confianza…), y resulta que me lo ha quitado de la misma punta de los dedos, justo antes de teclear.
Llevo semanas rumiando un post sobre el e-mail “en movilidad”. Esa herramienta del Maligno ha deshecho una barrera de salvaguarda de los trabajadores, llamada “horario laboral”. Te llevas el trabajo a casa en tu bolsillo, disfrazado de teléfono móvil. Además, lo paga la empresa, que chollo. Eso te crees.
Maiko incide en el aspecto humano, y da con una receta, muy hispánica, que reproduzco:
“De toda esta cuestión me hizo gracia un enfoque: una de las posibles respuestas a la encuesta era ‘No deberían pagarlo. En la oficina hago pequeñas cosas personales, así que es justo que mire un momento el correo del trabajo en casa’. ¿Cómo lo ven? ¿Deberíamos cambiarle a nuestros empleadores esos momentos de leer blogs en el curro (;P) por unos momentos de atender el email en casa?”.
La jurisprudencia empieza a ser constante: usar el ordenador del curro para cuestiones personales puede llegar a ser causa de despido. Así que alguien está jugando con dos barajas: usar tiempo de tu empresa para ti mismo, maaal; usar tú tiempo privado para la empresa, bieeeen.
Los mozos de mi pueblo tenían un dicho algo bestia, pero bastante elocuente: “Aquí, o follamos todos, o pinchamos la muñeca”. Pues eso.