El porqué de (algunas) cosas
Por primera vez en bastante tiempo, estoy de acuerdo con Escolar: a pesar de sus anacronismos y deficiencias, el funcionamiento del Congreso de los EE.UU. podría dar a toda la clase política española varios cursos de democracia. No obstante, es un ejemplo poco válido para España, porque aquí sería inaplicable, como explicaré al final.
Tanto la Cámara de Representantes, como el Senado, como la Cámara de los Comunes en Gran Bretaña tienen una vidilla que no se ve por estos andurriales. Tanto el presidente estadounidense, como el premier británico, tienen que convencer a los parlamentarios de la bondad de sus propuestas, a los suyos y a los de la oposición. No hay disciplina férrea de voto como aquí, donde un diputado que mee fuera del tiesto no va en las próximas listas.
¿Y por qué? Aparentemente, no hay ningún parecido entre las tres cámaras, ni entre los dos paises. El Reino Unido es una monarquía, mientras que EE.UU. es una República. Gran Bretaña se basa en un sistema parlamentario (el primer ministro es elegido de entre los comunes, sus iguales, de ahí lo de primus inter pares), mientras que el americano es presidencialista puro (el presidente es elegido en una votación distinta, no tiene escaño en ninguna cámara y no puede ser depuesto por moción de censura, de ahí la necesidad de acusarle de un delito para intentar echarle, el famoso impeachment). ¿Entonces?
Sistema mayoritario y circunscripción unipersonal (bipersonal, como mucho), esas son las claves. En un sistema proporcional, como el español, los diputados se eligen en relación a la población de las provincias. Como es imposible la proporcionalidad pura y exacta, se establecen factores de corrección, esos que llevan a que haga falta cinco veces más votos para obtener un diputado en Madrid que en Soria, o a que CiU sea la tercera fuerza política de España con las mismas papeletas que IU, al borde de la desaparición.
Pero, espera un momento, dirán los más informados: la elección de los parlamentarios estadounidenses es proporcional a la población de los Estados de la Unión. Pues sí y no. Es cierto, cada Estado tiene un número de representantes en relación a sus habitantes, pero cada uno de ellos es elegido en votación mayoritaria, en circunscripción única. De güiner teiks it ol, ya saben. Y cada uno de esos representantes, al igual que los senadores, y los comunes británicos, es muy consciente de lo que se juega en cada votación. Si la cagas, no es que tu partido te quite, es que la gente no te vota.
En España, no. Aquí, en la tierra de Jauja, la masa aborregada cree que vota a ZP o a Rajoy, cuando lo cierto es que el 90% de los electores (o sea, todos los que no residen en Madrid) no tienen oportunidad real de votar a ninguno de los dos. Se vota a sus diputados, como correa de transmisión que votará irremediablemente lo que mande el líder. O sea, que en un sólo acto se entrega poder ejecutivo y legislativo a las mismas manos. Y como ya sabemos cómo funciona el cotarro, también se le entrega la manija que controla la cúpula del poder judicial. Eso no es enterrar a Montesquieu, eso es mear en su tumba.
¿Hay que adoptar el sistema anglosajón? Pues no sería muy útil, la verdad. En este bendito país, en el que entran seis personas a un bar y cada uno de ellos pide el café de forma distinta, sería un auténtico despiporre algo así. ¿Se imaginan un Congreso de los Diputados con un escaño para Alternativa dos Veciños, otro para el GIL, uno para Revilla, y así hasta 350?
Eso sí, nos ibamos a echar unas risas mientras todo se iba a tomar por el culo…

