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Halon Disparado

Descarga de gas halón 1301. Abandonen la sala.

25 Noviembre, 2009

Mecánica popular

Clasificado en: Halón Dispara(ta)do, Lo que inventa el hombre blancoSupermon @ 08:00

Los talleres mecánicos son un mundo aparte, y a la vez conforman un estándar universal. Un taller de reparación de carruajes de Ankh-Morpork no es muy distinto de uno de aquí: Un troll apretando tuercas, un enano hurgando debajo de un carro, un vampiro en la caja (en contabilidad, quiero decir)… Hablan entre ellos un dialecto incomprensible para los clientes. En las paredes, un mapa de caminos de Klatch, de hace doscientos años, y calendarios con elfas de los bosques en pelotas.

Pero (al menos en nuestro planeta) este concepto está en peligro, desde que este gremio ha caído bajo el control de unos individuos que se visten con corbata y bata blanca, a diferencia del tradicional mono azul con publicidad. Todo está limpio. Todo está regulado en paneles informativos. Emplean ordenadores. Y no hay calendarios de muchachas en pelotas.

Antes uno iba al taller, serpenteaba -tratando de no mancharse- por entre varios vehículos apiñados en diferentes alturas. Buscaba al jefe o encargao y le explicaba los síntomas. Nadie se siente más ridículo que un cliente explicando el ruido que hace su coche a un mecánico, qué momento de humillación ante El Que Conoce Todos Los Ruidos Y Su Causas. Después de meditar un poco mirando alrededor, el oráculo jefe, en lugar de emitir un diagnóstico, te decía: “tráemelo el martes” (aunque en las demás galaxias existan planetas con semanas de cinco, ocho, o treinta y seis días, seguro que sus semanas tienen un martes).

En los talleres modennos uno entra por una puerta peatonal y se dirige a una recepcionista. La recepcionista teclea en su ordenador una larga serie de datos que te va preguntando. Una impresora empieza a vomitar pegatinas y papelillos. Te acompañan al coche y -tras una inspección visual- le ponen fundas a los asientos, alfombrillas de papel en el suelo, y un joven empleado (con mono, pero limpio) lo conduce al interior. Luego vuelves a recepción y firmas en varios papeles de varios colores. Entonces caes en la cuenta de que todavía no te han preguntado cuál es el problema del coche, y ya queda menos para el martes.

Ahí es donde aparece el Jefe de Taller (lo pone en una tarjetita en su pechera). Cuando lo ves venir, con su bata limpia, su corbatita y sus manos de pianista no te crees que sea mecánico. Le cuentas el problema, con el agravante de que los coches de ahora tienen un repertorio de ruidos mucho menos descriptible. Él te mira condescendiente y -eso no ha cambiado- procura no emitir un diagnóstico. En lugar de eso te dice: “Lo primero, vamos a hacerle el test”. Y les ves aproximarse al coche con un portátil y otros cachivaches, mientras piensas: “El troll mecánico que arreglaba el coche de mi padre no habría podido pulsar menos de 7 teclas a la vez, con ese muestrario de pollas cacho manaza que tenía.”

Y es que la mecánica ha cambiado mucho. Algunas de las averías de siempre han pasado a la historia. Ya no son problemáticos el carburador o la tapa del delco, pero a cambio un jodío sensor o un core dump te dejan tirado sin avería real alguna. Cuando Arthur C. Clarke imaginó a la computadora del Discovery One, no sabía lo acertado que iba a estar; sólo que la nave no es sino un Peyó o Renol cualquiera, y H.A.L. la centralita no conversa contigo ni juega al ajedrez. Pero el propósito de la misión es el mismo: putear al astronauta en su odisea espacial. Al rato te dicen: “Resulta que el caudalímetro B3 ha entrado en protusión y la centralita se ha puesto en modo de estrategia hang-on-a-minute, cambiando el mapa de inyección para mejorar la evapotranspiración del catalizador”. Ya lo hemos arreglado, pase por caja. “Joder, prefería lo de la junta de la trócola”, piensas tú.

Avanzas con temor hacia la oficina. En los talleres de la vieja escuela, la oficina se componía de un teléfono y clavos en la pared con facturas incrustadas, que hacían las veces de: agenda, control de proyectos, planificador de trabajos, programa de contabilidad, pedidos a proveedores y sistema de gestión de impagos. Peazo invento, el clavo. Modular. Escalable. Open source. Con instalación guiada, rápida curva de aprendizaje, feedback… Compárelo en precio y versatilidad con el SAP R/3. Ahora no hay clavos, entras en una sala acristalada e insonorizada. Otra impresora empieza a sacar sábanas de papel continuo. La vampiresa contable los corta, agrupa y coloca mientras notas cómo tu visa se pone en tensión en el bolsillo, y empieza a hacer ejercicios de calentamiento. En la triplicada factura te espera el alma del gremio de los mecánicos: la Mano de Obra (o Zarpa de Obra, en algunos talleres de Überwald)…

Imagina por un momento que la contable (o contabla) no consigue imprimir. Te identificas como informático, echas un vistazo y descubres que tiene como impresora predeterminada una tal “Laser Color Gerente”, la cambias por una “Epson LX nosequé”, y…. tachán, todo arreglado. Ella te daría las gracias y una sonrisa como todo premio. Si eso mismo (o un trabajo equivalente en el vehículo), te lo hace un mecánico, de cualquier universo, te puedes preparar a soltar tus dineros, sin remisión. Pero nuestra venganza llegará, cada día los coches se parecen más a los ordenadores; cuando mi Peyó y mi portátil lleven las mismas pegatinas del “Intel Cuantic Inside” y “Windows Highway-61″ se van a enterar…

16 que no se callan

  1. El mundo de la electrónica en el automovil es fascinante. Sepa usted que si el sistema electrónico detecta un fallo por cualquier cosa (y esto significa, cualquiera por nimia que sea), se “inmola” y pasa a “modo degradado” que es algo así como: llegarás vivo al taller, eso si, a 30km/h máximo.

    Pero es mucho más emocionante y extenso el tema de los “ruiditos”. Existen bases de datos que consultan los mecánicos con diversas onomatopeyas reportadas por clientes: “si el cliente dice que hace
    niquiñiqui atrás puede que sea por esto y esto”.

    Por lo menos le consolará saber que la venganza informática ya ha sido efectuada: si supiera lo que le cobran a un taller oficial por el portatil ese que usan para comprobar los calculadores… Para echarse a temblar.

    ¡Saludos!

    Comentario de errepunto — 25 Noviembre, 2009 @ 08:53

  2. A mi me entró la risa floja el otro día, cuando un compi de curro me dijo que tenía que llevar el coche al taller porque tenían que actualizarle el software. ¡Eso es intrusionismo! Jiji.

    Comentario de la que no encuentra su sitio — 25 Noviembre, 2009 @ 09:26

  3. Por eso sigo llevando mi coche al taller de toda la vida. Antes porque, bueno, porque mi viejo Kadett como que mucha electrónica no tenía. Y ahora porque me da miedo el taller oficial de mi pobre Astra. Cada vez que pasamos por delante, el pobrecico se pone a gimotear y esconde el tubo de escape entre las ruedas traseras.

    Comentario de agente_naranja — 25 Noviembre, 2009 @ 09:31

  4. Muy grande, sí señor. Cuántos nos hemos sentido identificados… Fantástico.

    Comentario de polidori — 25 Noviembre, 2009 @ 10:36

  5. La modernidad tenía también sus cosas buenas. No eran ya los pósters, estaban esas veces que pasabas por el taller a primera hora de la tarde y el pavo estaba en su escondrijo-escritorio con un pornazo a toda voz, pasando la tarde.

    Comentario de Humor Difícil — 25 Noviembre, 2009 @ 11:32

  6. Hay que ir aprendiendo. Puedo decir con orgullo que soy uno de los pocos que le cobró la reparación del ordenador al taller. Realmente la intercambié por la reparación del coche. No les iba el puerto serie del ordenador de chequeos y solté eso de ‘yo soy informático’. Al terminar de arreglarle el ordenador nos miramos como evaluando ¿qué es más caro, la reparación del coche o la del ordenador? Fueron unos segundos tensos. Pero el manido ‘estamos en paz’ funcionó perfectamente.

    Hasta luego.

    Comentario de Antonio — 25 Noviembre, 2009 @ 11:46

  7. ¡Magnífica entrada!

    Comentario de Axil — 25 Noviembre, 2009 @ 12:00

  8. He de reconocer que en mi experiencia la informática ha resultado ser más noble que la mecánica: coche nuevo -> el motor se para solo -> nada parece evidente salvo que el ordenador “deabordo” lo atestigua -> cambios y sustituciones múltiples sin éxito -> inmovilización del vehículo -> dos años de juicios y vendettas -> por fin me devuelven el dinero que me costó el susodicho.
    Y todo gracias a la honestidad y fiabilidad del amigo ordenador “deabordo”.
    Simpático post. De nada.

    Comentario de Iluminado — 25 Noviembre, 2009 @ 13:51

  9. Sin duda ha estado Vd. en un taller mecánico….

    El problema del sector es el intrusismo. Tu llevas el coche a que lo arreglen y ellos te la introducen en tu culo.

    ¿Sabeis cuánto me cuestan las revisiones de un triste 206? ¡¡Cuando tire el coche de viejo habré pagado en revisiones lo mismo que me costó!!

    Comentario de lotas — 25 Noviembre, 2009 @ 15:36

  10. “Peazo invento el clavo”. Grande, muy grande

    Comentario de Sorak — 25 Noviembre, 2009 @ 17:46

  11. Grandísimo el primer párrafo!

    Comentario de DJ — 25 Noviembre, 2009 @ 18:56

  12. Me sentí identificado. Y envié el enlace a mis conocidos.

    Y me reí.

    Comentario de Darío — 25 Noviembre, 2009 @ 21:03

  13. Aviso a navegantes: el dia que el primo juanquer de turno se haga con el cable USB y se baje el software de la Mula (ya está ahí, lo he visto) será el carmaggedon definitivo: virus a porrillo, malware hasta en el maletero, cajas de cambios en modo inverso, freno de mano conectado al techo retràctil de descapotable, lo que se quieran imaginar. Por si acaso no tiren el viejo 2CV de su abuelo !! :)

    Comentario de Ann Onimo — 25 Noviembre, 2009 @ 22:31

  14. #13, no des ideas a los hackers rusos y chinos, que cualquier día de estos vas a arrancar el coche y te muestra un “buy viaaaggra” o “erlange your peniss” (faltas “hortograficas” a propósito).

    A quien le interese, que sepáis que el bus que utilizan estos vehículos modernos es un simple CAN de dos hilos. Eso si, yo no jugaría con el calculador de inyección de mi coche…

    Comentario de errepunto — 26 Noviembre, 2009 @ 09:33

  15. Siempre me había pregutado quién sería el gañan que tradujo “arreglo” por “array”, pero por fin lo he comprendido: fue uno que cuando lleva el coche a que se lo arreglen teme que se lo arrayen.

    Comentario de Ian Fleming — 28 Noviembre, 2009 @ 10:25

  16. […] Supermon - Halón Disparado En un inspirado y brillante artículo sobre los talleres mecánicos (?) […]

    Pingback de El mejor invento después de la rueda y el arroz con leche « 42 — 3 Diciembre, 2009 @ 11:42

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