Darwin y la madre que los parió
Lo reconozco, soy un pajero. Eh, antes de que piensen mal, lo que quiero decir es que soy un ferviente lector de la güeb de Macías Pajas. Hace bien poco, mientras se solucionaba la avería de hosting que nos ha tenido sin acceso durante la mayor parte del sábado (Camarada, mudanza ya) he mantenido con Su Alteza Onanísima una conversación, vía comentarios, en su entrada 1984 no es una profecía. Y dicha charla me ha dado una idea: no hace falta recurrir a los clásicos de la ciencia-ficción catastrofista para ver el negro panorama que se nos avecina. O el que ya está aquí mismo.
Basta con acudir a Nietzsche y su “eterno retorno”, o a Darwin y su teoría de la evolución de las especies a través de la selección natural y la supervivencia del más apto.
¿Por qué digo esto? Lean “Cultura Libre”, de Lawrence Lessig, que no es sospechoso de ser un peligroso revolucionario, y se enterarán de por qué la industria cinematográfica se instaló en Hollywood: huían de la Costa Este, donde Thomas Alva Edison perseguía con acciones legales (e ilegales) a los que usaban el invento que él había patentado: el cinematógrafo. ¿Cómo? Pero si eso lo inventaron los hermanos Lumiere… Ya, pero eso no lo sabían en la Oficina de Patentes. Así que la gente del cine tuvo que huir. Hoy, los perseguidos de antaño, ya establecidos, se han convertido en los perseguidores. ¿Lo ven? La historia es cíclica. Siempre se repite, primero como tragedia, luego como farsa.
Pero no nos vayamos por las ramas. Hablaba de Darwin y su selección natural. El primer programa de intercambio entre pares con éxito mundial fue Napster. Te podías descargar canciones… ¡¡Gratis!! Fue atacado judicialmente por la industria discográfica, obligado a cerrar y, una vez reeducado al más puro estilo Pol-Pot, reabierto. Nadie le hace mucho caso, hoy en día. ¿Porque terminó el intercambio de ficheros? No. Porque evolucionó. El siguiente paso fue Audiogalaxy. Lo chaparon y lo llevaron al buen camino. Kazaa tomó el relevo, pero sucumbió a las tentaciones del dinero y vendió su alma al capital. Hoy en día, no les recomiendo ni pasarse por su web, no sea que les peguen algo raro. Ningún problema, allí estaba nuestra mula favorita, eMule, para tirar del carro. Y perdonen por el estúpido juego de palabras. Cuando agencias como Copeerright comienzan a hostigar a los usuarios, BitTorrent ya ha cogido el testigo desde hace tiempo. Cada sistema P2P tiene su debilidad, pero cuando los depredadores económicos como la RIAA la explotan, fuerzan a un proceso de selección del que sale un nuevo ejemplar menos vulnerable que el anterior, y mucho más eficaz.
¿Qué me descargo con BitTorrent? Recientemente, la primera temporada completa de Las Vegas. Como ha sido emitida por televisión en abierto, no tengo ningún empacho en reconocerlo: prefiero tener el ordenador encendido un par de días, que soportar cambios de horario, interrupciones publicitarias, o la irrespetuosa política de emitir los capítulos en el orden que sale del forro escrotal de los programadores de Cuatro. Dos archivos .torrent de 4 Gb. cada uno. Con el Napster, bajaba canciones sueltas, de tres o cuatro megas. Evolución. Supervivencia del más apto. A cada zarpazo de la industria, la tecnología se la devuelve doblada.
¿Cuál será el próximo paso? La autodefensa. Hay dos frentes abiertos: el primero es clandestino, el segundo opera a plena luz del día. La primera opción es utilizar técnicas de cifrado y ocultación, para proteger a los usuarios de P2P de los abogados con la demanda fácil, y los policías con ganas de notoriedad. El ejemplo lo daba el otro día el gran Pepe Cervera, en su artículo de Retiario, “Carta a los intermediarios culturales”. La segunda, es reírse de la ceguera tecnológica del legislador español, con el proyecto mencionado por Enrique Dans en varias de sus entradas, AllPeers. A través de este nuevo P2P, una extensión para Firefox, sólo compartimos archivos con nuestros conocidos directos, con lo que la Ley de Propiedad Intelectual es escrupulosamente cumplida. Ya no hay comunicación indiscriminada a una pluralidad indeterminada de sujetos. Eso sí, si combinamos el poder de la tecnología con teorías como la de los 6 grados de separación, el panorama pinta catastrófico para los Paladines del Copyright. ¿Qué van a prohibir ahora? ¿Tener amigos?
Pero mientras tanto, hay otras materias que tocar y otras preocupaciones que cubrir. Al fin y al cabo, Carlos Sánchez-Almeida nos ha dejado porque estamos encerrados en nuestra propia burbuja. Y no le falta razón: hablar de Internet y P2P en un blog como éste es predicar a los conversos. La verdadera batalla se está librando el Mundo Real™. Para hablar de ello, les emplazo a la segunda parte de este post… Pero eso será mañana.


Y por si acaso todo esto falla, el Camarada está pensando en comenzar cualquier día de estos un seminario sobre fabricación casera de explosivos…
Comentario de Camarada Bakunin — 9 Abril, 2006 @ 00:36
Interesante teoría de la Evolución de los P2P Ender. Había leído algo al respecto pero siempre se agradece un resumen para aclarar ideas.
PD: Me apunto al seminario. (¿Habrá un apartado sobre Armas Químicas?)
Comentario de Papá Oso — 9 Abril, 2006 @ 14:01
[…] o nos servirá la prédica entre conversos a la que me referí en la primera parte de este panfleto, si nos eliminan, aunque sea metafóricamente, en el exterior. Les voy a contar un cuento. O al menos, […]
Pingback de Halón Disparado » Darwin y la madre que los parió (II) — 9 Abril, 2006 @ 18:28
[…] l Libre Mercado en estas cosas? Porque cada vez me entran más tentaciones de apuntarme al cursillo de explosivos del Camarada Bakunin. Y eso, en alguien tan socialmente adaptado como yo, no […]
Pingback de Halón Disparado » Tiempos modernos — 20 Abril, 2006 @ 16:24