Con permiso de su autor, Álvaro Bayón, —y bajo la misma licencia CC BY-NC-SA 4.0 que todo el contenido del blog— nos permitimos transcribir este argumentario que esperamos os sea de utilidad tanto a docentes como a no docentes.

A) «La IA generativa ha llegado para quedarse». 👉 También llegaron para quedarse las TV en 3D, la cocaína en los medicamentos o los dirigibles para viajes comerciales. Nada garantiza que esa burbuja no termine haciendo un Hindenburg. 

B) «Esto es como la llegada de las calculadoras». 👉 La IA es una máquina estocástica y fabuladora, mientras que las calculadoras son deterministas, fiables y sus errores son categorizables. Ese argumento alimenta el sesgo de automatización. 

C) «Los niños tienen acceso a la IA generativa de todas formas y la pueden usar si quieren así que mejor enseñarles a usarla éticamente y con criterio». 👉 Los niños también pueden acceder al tabaco, pero no por ello introducimos cigarrillos en clase para enseñar a fumar con criterio y ética. 

D) «La IA reduce el esfuerzo cognitivo, igual que una calculadora, y eso libera tiempo para tareas más importantes». 👉 Reducir el esfuerzo cognitivo es precisamente lo perjudicial. Hay un buen motivo para prohibir calculadoras hasta alcanzar un aprendizaje matemático suficiente; ahorrar el esfuerzo cognitivo delegando en la IAgen impide afianzar la comprensión profunda, el razonamiento y las habilidades básicas, convirtiendo a los alumnos en dependientes de una ortesis cognitiva innecesaria.

E) «Basta con enseñar un uso crítico de la IA generativa para que los alumnos la empleen bien». 👉 El pensamiento crítico no es un interruptor; requiere una base sólida de competencias que la propia IA destruye.

F) «La IA generativa es como un cuchillo: una herramienta neutra que puede usarse para bien o para mal, por lo que hay que fomentar su uso ético». 👉 La IA no es como un cuchillo neutro, sino como una mina; su uso genera dependencia cognitiva y sus múltiples impactos negativos forman parte de su propio funcionamiento.

G) «La integración de la IA en la educación es necesaria para preparar a los estudiantes para el futuro mercado laboral». 👉 La narrativa de «integración necesaria» responde a intereses corporativos que buscan formar trabajadores dependientes y precarios donde «saber usar IA» sustituye a las competencias profundas.

H) «Podría existir una IA generativa alimentada con datos autorizados, algoritmos transparentes, etc, que resuelva los problemas actuales». 👉 Ese futurible hipotético solo resolvería una pequeña parte de los problemas; por su arquitectura estadística seguiría cercenando la creatividad, la innovación y el pensamiento crítico, y chocaría con los ODS y la LOMLOE.

I) «La IA generativa fomenta la creatividad y la innovación al ayudar a los alumnos a generar ideas y estructurar pensamientos». 👉 La IA regresa a la media por diseño, descartando los datos poco probables y outliers innovadores, lo que cercena la creatividad y reduce la capacidad de generar ideas originales y verdaderamente innovadoras.

J) «Si no metemos la IAgen en las escuelas, los alumnos saldrán peor preparados y se quedarán atrás». 👉 Al integrar la IAgen se fomenta la dependencia temprana, se atrofian las capacidades cognitivas profundas dejando a los alumnos peor preparados para pensar, crear y actuar con autonomía.

K) «¿Cómo vas a negarles a los niños una herramienta con la que mejoren su eficiencia?» 👉 Nunca. Lo que les niego es una herramienta que cercena su creatividad natural y su curiosidad innata para convertirse en esclavos de la mediocridad (en sentido más etimológico del término «mediocre»).

L) «La IA generativa ayuda a desarrollar la competencia de «aprender a aprender»». 👉 Es imposible inculcar «aprender a aprender» cuando se introduce un algoritmo plagado de sesgos que dice qué pensar y penaliza salirse del promedio; delega precisamente los procesos que desarrollan la autonomía en el aprendizaje.

M) «La IA generativa es solo una herramienta más y hay que adaptarse a los tiempos». 👉 No es «solo» una herramienta más, es una tecnología que extrae datos sin permiso, consume energía y agua a escala de países enteros, fomenta extractivismo digital y choca frontalmente con los principios de sostenibilidad y desarrollo cognitivo que promueve la LOMLOE.

N) «Enseñar sin IA dejaría a los niños en desventaja frente a los que sí la usan fuera del aula». 👉 La verdadera desventaja es crear generaciones dependientes que no saben razonar, escribir ni crear sin ayuda; es mejor formar mentes autónomas que sepan pensar sin ortesis cognitivas innecesarias, que mentes que sepan solo pulsar «generar».

Ñ) «La IAgen está democratizando la…». 👉 Ni de coña. La democratización implica propiedad colectiva o pública, auditoría y transparencia, y pleno control sobre la herramienta, su funcionamiento y sus resultados. La IAgen es propiedad de una empresa que impone su modelo, sus sesgos y sus políticas, y vende el servicio por el que le pagas, con dinero o con datos (o ambas). Es un tecnofeudalismo diametralmente opuesto a la democratización.

Al catálogo de Edificios Singulares Abulenses, Yo soy ESA, le ha salido un triste imitador; se trata de la autodenominada Fundación Docomomo siglas de DOri CÓmo MOla MOrderte o algo así, pero resulta que tiene que ver con una serie de edificios postmedievales y postmodernos que se construyeron all over the world en los años centrales del siglo XX, por gentuza como Lecor Busier o Vander Roje; y que ha catalogado en Ávila la friolera de 11 edificios. El de Moneo no está ni se le espera, no me toquéis las narices desde el primer párrafo.

No pensaba citar a este grupúscolo de arquitectos autobomberos, pero una serie de curiosas coincidencias me hace tomar mi pluma (metafóricamente hablando) para redactar unas líneas. Resulta que uno de los edificios docomómicos de Ávila no es otro que el cole donde yo cursé los ocho años de la EGB, llamado “La Aneja” (por ser la escuela aneja a la de Magisterio), actualmente dedicada al inventor del Albornoz, Don Claudio Sánchez. Helo aquí.

Foto Aneja: Daniel Villalobos Alonso / Docomomo*


Y resulta que otro de los docomomomomomos son las escuelas del pueblo de mis padres, Santo Domingo de las Posadas, donde yo no llegué a estudiar, y que hace muchos años que no funcionan por falta de alumnos, construidas gracias al Sr. Vaca de Osma, gobernador civil y jefe provincial del Movimiento**, que por las referencias que tengo, puso bastante empeño en modernizar Ávila. Hizo lo que pudo, muchas veces en contra del que fue su obispo, don Santos Moro Briz, insigne sucesor de Prisciliano, reina del desierto.

Foto: Daniel Villalobos Alonso / Docomomo

Las coincidencias no terminan ahí. ¿Casualidad, serendipia? Ayer mismo rendí postrera visita (el funeral es hoy) a alguien que fue maestro (ojo al dato) en ambos edificios, y profesor mío, Don Jesús de Blas, al que siempre recordaremos por enseñarnos aquellas cantinelas de “hidrógeno, litio, sodio, potasio…”, y otras maravillas de la naturaleza.

Por terminar con las casualidades, el edificio de la Aneja ocupa lo que en su momento fue el “Cuartel Antigás”, una sección del Ejército Español (¡viva!) preparada para combatir en las tristes y venenosas condiciones que se pusieron de moda en la IGM. Y -he aquí la enésima coincidencia- Mi padre, que durante la guerra civil fue pastor (en Santo Domingo de las Posadas, where else), y que fue secretario de su pubelo cuando se hicieron las escuelas, fue detenido e interrogado con 13 años en ese cuartel (junto con otros miembros de su gremio), en las investigaciones relativas a un sabotaje al ferrocarril Ávila-Medina del Campo, cerca de su pueblo. Mi padre no tenía buenos recuerdos de este docomomo; no iban a por él, pero les “apretaron las clavijas” para ver si delataban a algún ferroviario o algún rojo (solía ser sinónimo). Tampoco tenía buenos recuerdos del obispo Moro Briz, pero eso es un caballo de diferente color.

(*) Se nota que es una foto pre-Covid porque no está el Monumento Rotondil al Diario

(**) El Movimiento era un simpático oxímoron para referirse al partido único que pretendía dar apariencia política o ideológica al franquismo, caracterizado precisamente por su inmovilismo.

Estuvió allí hacia 1562

Retomamos con pesar para ustedes el catálogo de Edificios Singulares Abulenses (Yo Soy E.S.A.) con un edificio que llevaba tiempo ahí (en cocreto, desde el XVI) pero que yo ni me había enterado de su singular importancia; el Palacio de los Guillamas. El Palacio se ha pasado en un estado semi-ruinoso un montón de años, hasta que ha sido recientemente rehabilitado y reconvertido en viviendas con habitaciones y tó. Y a su puerta luce flamante este cartel de granito local (what else) en el que se indica que Nuestra Santa por Antonomasia, cual aparejador titulado, realizaba desde él la preceptiva D.E.O. (Dirección de Ejecución de Obra) del que sería el primer establecimiento de su franquicia, las Carmelitas Descalzas (fectivamente, el convento de San José está a pocos metros del palacio, y los Guillamas fueron promotores de la obra).

Los Guillamas fueron unos nobles de origen gabacho-borgoñón (el nombre les delata, guayuminí dix points) como nuestro repoblador Raimundo de Borgoña, cuyos descendientes medraron en la corte y tuvieron cargos importantes con los Austrias. De hecho, hay otros edificios de Ávila que fueron propiedad suya, como la Casa de los Guillamas (al lado de la iglesia de San Andrés), o el mismo Palacio de los Verdugo, que ahora es sede de cosas varias del Ayuntamiento y es muy visitado por los grupos de turistas porque se puede entrar gratis.

Casa de los Guillamas, foto «Ávila, Raíces y Futuro»

Es de suponer que Santa Teresa estuvo en otros muchos sitios de Ávila, porque era muy inquieta; pero en éste ya tenemos una placa que lo confirma. Casi te la puedes imaginar saliendo de allí con los planos, a discutir con albañiles y proveedores por el precio del metro cuadrado de pladur o por los remates.

Precaución, amigo conductor… La senda es peligrosa

Hoy, 15 de octubre de 2025, día de Santa Teresa, volvemos al Ávila Street Museum con… otra imagen de Santa Teresa. Ésta está situada en la cuneta de la N-501 (la de Salamanca), al lado del bar La Canaleja. La figura advierte al conductor que llega a Ávila, crucifijo en mano, de los peligros que pueden sucederle al transitar por nuestra ciudad; mucho más peligrosa que aquella Barcelona de «Sin noticias de Gurb», donde el pobre extraterrestre caía una y otra vez en las zanjas de obras. La imagen es una silueta de fierro morroñoso (o imitación), y tiene un sistema de iluminación que supongo que funciona, porque sólo la he visto de día.

Hoy, en el día de su onomástica (casualidad, serendipia…) al pasar con la bici, me he dado cuenta de su existencia; mi velocidad cada vez más limitada me permite prestar atención a cosas como ésta. No sé si en el resto de las entradas de Ávila habrán colocado figuras similares; será cuestión de fijarse. Desde luego, la figura tiene un ademán admonitorio; se inclina hacia la carretera como si nos dijera «penitenciágite, hermanos, la ZBE se acerca» o «Por obras, se encuentran cortadas al tráfico la Carretera de Circunspección, la Rotonda-Helipuerto Agencia Espacial Europea y el Paseo de los Guías Que Llevan Paraguas«. Seguiremos informando.

La entrada de hoy se sale un poco (territorialmente hablando) de nuestro ámbito, pero resulta que he vuelto maravillado e impresionado de los edificios singulares visitados en un reciente periplo por tierras asturianas, y no tengo más remedio que dedicarles una entrada en plan “abulenses por el mundo”, con un par de sus mejores adefesios, ante los cuales hemos de quitarnos el sombrero y taparnos los ojos. Ambos son maomeno conocidos, pero siempre es posible que alguno de vds. no haya visto estos engendros.

El primer ejemplo es el Centro Niemeyer de Avilés. Se basa en un huevo cocido partido por la mitad, dejando una mitad pabajo y la otra de lao. Además, hay una torreta/sacacorchos. Original, es, pero yo le habría echado atún y bechamel por encima. Es una pena que entonces no estuvieran tan de moda los cachopos1, porque no me cabe duda de que el comestible elegido hubiera sido éste, y el edificio se parecería más a la T4 de Barajas, con un trencadís imitando el rebozado.

Desde el otro lao de la ría. No me atreví a acercarme más, si no hay actividades está mu solitario…

El problema, pienso deque, fue elegir a un arquitecto que estaba de vuelta de todo nivel dios (CIEN AÑOS2 tenía cuando presentó el proyecto) para que te construyera un edificio de éstos (que ya de por sí son propensos al engendrismo). A ver, el Sr. Niemeyer había construido los edificios singulares de Brasilia partiendo de cero, con su amigo Lucio Costa diseñando el trazado urbano. Es como si aquí llamas a Moneo y Calatrava y les mandas construir una nueva Ciudad Capital de España en la ladera soriana del Moncayo. Con su Congreso y  su Senado, su Moncloa y su Zarzuela, su taberna Garibaldi y todo lo necesario. Después de esto ya te la suda cualquier encargo. Por tanto, no tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que Niemeyer se sacó la chorra y, haciendo unos molinillos sobre el papel, dejó unas marcas de orina y esmegma que le parecieron bien; para acto seguido llamar al delineante y pedirle: “termíname esto, pon las puertas y los baños y todo eso”. La tapa del frasco del Dememory se le quedó encima de la mesa de dibujo, y el chaval lo pasó también al Autocaz con forma de torre.

El segundo edificio im-pezionante del lote es la Universidad Laboral de Gijón, una especie de Monasterio del Escorial de la formación profesional. Hubo más edificios dedicados a esta finalidad; pero el de Gijón fue una apuesta personal del falangista Girón de Velasco3 para aplacar la conflictividad social4 y atraer para su fachicausa a los hijos de los levantiscos obreros asturianos. Tenía que ser grande. Tenía que ser lo más. Y se lo dijo así al arquitecto, Luis Moya, al que le hicieron los ojos chiribitas.

Foto de la güé de la susodicha uni

El resultado fue el -en ese momento- edificio más grande de España y parte del extranjero5. Tenía capacidad para más de mil alumnos (todos varones, claro), y buena parte de ellos eran internos6. Tiene un auditorio en el que cabían todos, junto con los profesores, que eran jesuitas. La iglesia, de planta circular, también va acorde con esas dimensiones y se ubica en un lateral del patio principal del edificio (que tiene…150 metros de largo por 50 de ancho; una verdadera plaza mayor con soportales). En los terrenos de alrededor -mogollón de hectáreas- hay campos de deporte (al que se daba importancia), y también había varias granjas que debían permitir autoabastecer al centro; aunque no llegó a funcionar al nivel que estaba previsto. Las aulas prácticas para las clases de taller eran verdaderas fábricas. Pero lo que más llama la atención es su torre, de 130 metros, justificada porque tenía que ser “el faro que guíe a los trabajadores”. Eso, de rebote, permitió a los gijoneses adelantar al edificio más alto de Asturias hasta ese momento… la torre de la Catedral de Oviedo. Piques esiten.

Foto de la torre, cortesía de mi sra. Empieza como la de Hércules y termina como la Giralda

Lo curioso es que el edificio, siendo una oda a la megalomanía, está bien hecho y era funcional, teniendo en cuenta el fin para el que estaba destinado. Considerando que en aquellos años de autarquía no había dinero ni recursos (escaseaba el cemento, pero sobre todo el hierro), también fue un milagro de aprovechamiento económico. Se ahorraba en todo. Por ejemplo, las tareas de cocina, confección de ropa y lavandería se encargaron a una congregación de clarisas (80 monjas) que se trasladó a un convento construido para ellas en la “zona de servicios” del edificio; era un trabajo tan duro que a la sección de lavandería la llamaban “matamonjas”.  Salían baratas, eso sí.

La Laboral (arriba) y El Escorial, a la misma escala.

Con el fin del franquismo llegó el declive, y el edificio fue perdiendo usuarios hasta el cierre, sólo el mantenimiento era carísimo. Poco a poco se han ido instalando cosas por allí. Ahora se llama “Laboral – Ciudad de la Cultura”. Y tiene de todo, hasta visitas guiadas. En la mía tuve la suerte de coincidir con un alumno de la primera promoción, que volvía por allí, y complementó las excelentes explicaciones de la guía con detalles autobiográficos interesantísimos.

  1. No he caído en la insensatez de probar ni un solo cachopo. Me recuerdan a los sanjacobos con los que nos cebaban en el colegio mayor. Asturias tiene cosas mejores.
  2. Murió poco antes de cumplir los 105 y seguía en activo; como quieren los libeggales que hagamos todos. Aunque él era comunista, por cierto (se tuvo que exiliar de Brasil).
  3. In illo tempore, para decir que algo era viejo se decía “esto es de cuando Franco era cabo”, pero también “de cuando Girón era flecha” (los flechas eran los niños que entraban en la OJE, las juventudes hitlerianas de aquí). A ver… Como si dices “de cuando Dumbledore entró en Gryffindor”.
  4. Para ingresar en estos centros formativos se daba preferencia a los chavales de familias con pocas rentas -siempre que fueran listos, la formación era muy exigente- que podían residir como internos a pensión completa en el centro, que también les proporcionaba ropa. Muchos fueron huérfanos de currantes de la minería, la pesca…
  5. Bueno, en cuanto a edificios grandes, de Gijón a Avilés fuimos en tren, y cuando vas llegando empiezas a pasar al lado de una fábrica que no se termina nunca… Ya me iba sintiendo como en la primera escena de La Guerra de las Galaxias (la buena, la de 1977). Lo miré en la güé y era Arcelor-Mittal. Casi kilómetro y medio de largo tienen las naves.
  6. Y era educación pública y gratuita para la mayoría. Muchos de los que ahora echan de menos el franquismo defienden tesis económicas opuestas a lo que fue ese periodo. Lo que en realidad añoran es mandar así; la sumisión de los trabajadores a las empresas, la de las mujeres a los maridos y la de todos a lo que ellos digan.

El Á.S.M. les trae, como siempre, el último grito en arte abulense. La Basílica de San Vicente* ya muestra la primera de las nuevas gárgolas postmedievales, en la esquina del brazo sur del crucero. El plan de la Junta de Conversación del Patrimonio es colocar una docena de estos engendros alrededor de los tejados de una de nuestras joyas del románico (que también tiene elementos góticos, barrocos y de mezcla natural/torrefacto).

Las originales gárgaras en nada desmerecen a las diseñadas en su día por Viollet le Cocq para los tejados de Notre Dame; si el gabacho se inspiró en los textos de su paisano Victor Hugo Boss, las nuestras están dedicadas a la actual etapa de esplendor constructivo que vive la ciudad; es más, son más grandes y permitirán evacuar el agua de lluvia aunque ésta caiga de modo torrencial. Y el efecto será muy superior, estéticamente, a lo del Pompidou de París por fuera.  

Quién sabe si algún día, esta intervención sobre la iglesia de San Vicente designe a un nuevo estilo (que los connoiseurs ya empezamos a denominar “estilo vizentino”). Y que seguro que cae en los exámenes de selectividad EBAU PAU. Con iniciativas como éstas ya no será necesario seguir esperando a la subsede del Museo del Prado ni a ningún otro perroflauta que nos engatuse.

(*) La basílica está dedicada, colectivamente y de manera indivisible, a los santos mártires Vicente, Sabina y Cristeta. Y tiene debajo una iglesia soterraña.

Vista crepuscular

¡Otra escultura para el Á.S.M.! Y esta está recién inaugurada. Se trata de la estatua dedicada al cadete desconocido, que pasea circunspecto con un portafolios, camino de clase. La estatua forma parte de la fiesta del 150 cumpleaños de la Academia de Intendencia, el cole donde enseñaban a los cadetes a abastecer de pertrechos al resto de militares. Como la susodicha Academia ya no existe, suponemos que ahora las provisiones las piden por Glovo o Just Eat.

La escultura es obra del Coronel Romay, que no sé si será primo del jugador de baloncesto, porque si os intentáis hacer un selfie con el cadete veréis que tiene cuerpo de pivot de los Minnesota Timberwolves. Tampoco se corresponde mucho con el recuerdo que yo tengo de los cadetes, que eran unos chavales más bajitos que ese, con pelo corto, que visitaban las discotecas de la época, “Los Caballeros” y “Liberty”, entrando en conflicto regularmente con la mocedad local.

Durante la erección de la escultura, el general al cargo de la cosa pronunció estas palabras que cito literalmente “A nosotros nos llena de orgullo y satisfacción que, después de 150 años, tanto el Cuerpo de Intendencia como la ciudad de Ávila sigan manteniendo vínculos inquebrantables”. Ojo, que el comienzo de la frase podría significar, veladamente, que alguna princesa venga a cursar estudios de intendenciología a esta academia*.

Otro de los inaugurantes, también militar, comentó que entre la Academia y Ávila “se ha generado una simbiosis”; lo cual puede que sea correcto, porque Ávila cada vez más parece un liquen (simbiosis de hongo y alga), de esos que cubren el granito de Gredos, allí donde ninguna otra forma de vida es capaz de prosperar.

(*) Otra frase (buah egke soy yo) literal del acto fue: “Quién sabe, a lo mejor algún día los cadetes vuelven a Ávila”. Yo ahí lo dejo.

Hoy se presentan dos de las novelas más esperadas del año. Por un lado, Dan Brown vuelve a dar la chapa con otra entrega de las aventuritas de Robert Langdon. Y, sí, sigue sin saber escribir. Me he leído las primeras páginas y sigo sin entender cómo vende lo que vende este cabrón. Bueno, sí lo entiendo. Por lo mismo que la gente pone alarmas antiokupas o come en Burger King: porque hay pasta para publi. Me iba a poner a despotricar de que ya en la página 5 se mete en un charco parecido a cuando le dio por hablar de la Giralda pero, mira, que le den morcilla. Yo he venido a hablar de mi libro del libro de mi colega. Y, total, ya ha dicho él todo lo que había que decir sobre la calidad literaria de Dan. Por otro, Santiago Bergantinhos reestrena «Dramones y modorras. ¡Qué barbaridad!». Y esto que sí que mola.

¿Por qué lo de «reestrena»? Porque la novela ya estaba disponible, pero ahora se lanza una nueva edición ilustrada. Y a ver si, con la novedad, mi compadre Santiago lo peta muchísimo y desbanca a Daniel Marrón. O. por lo menos, saca para unas cervezas…

Comprad sus hermosos jabalíes, cabrones.

Bueno, Baku, ¿pero la novela está bien o qué? Pues, mira. sí. Porque como parodia de las novelas de fantasía da todo lo que promete y más. Que te partes el ojal leyéndolo, vamos. Pero, además, está bien escrito y la historia es coherente —a ver, todo lo coherente que puede ser un cruce entre ikesai, viajes en el tiempo y referencias a toda la subcultura pop del último siglo—. Te vas a encontrar guiños a «Apocalypse Now», «Alien, el octavo pasajero» y hasta al que se considera el peor comienzo para una historia*. Porque los protagonistas, Puchi y Ermesinda, serán una par de bárbaros muy bárbaros pero también son un par de frikitos de mucho cuidado.

Podéis comprobarlo vosotros mismos. En esta entrada de su blog tenéis acceso a los primeros capítulos del libro, a otro libro por la patilla con los mismos protagonistas, a los comentarios del autor y a otras cosillas que han ido surgiendo alrededor del proyecto. O a la explicación del nombre de la supuesta editorial —la editorial es el propio Santi— que publica la novela: Pepino de Oro. Si todo esto no os convence, echadle un ojo a la crítica de Supermon en este mismo blog, que tiene más gracia que yo.

*Era una noche oscura y tormentosa.

No sé muy bien cómo empezar esto. El caso es que, desde hace algún tiempo, deseo ser abducido por un vampiro adolescente y tocapelotas, para ser teletransportado a Zamora, pero no la de España ni la de Michoacán, sino la Zamora que está cerca de la ciudad-estado de Gumente. Esa. Y llegar allí bajo la forma corporal de Vánfir hijo de Fólfir. Esto que cuento puede parecer confuso, pero tiene una explicación.

La explicación se llama “Dramones y Modorras”, y es el mejor libro que he leído este año, obra de Santiago Bergantinhos, al que no tengo el placer de conocer (ni siquiera en sentido bíblico). Del mismo autor también estoy leyendo con placer intermitente la colección de relatos “El hombre y la lágrima”, si bien en ninguno de ellos (por ahora) aparece Vánfir hijo de Fólfir.

Por el título podréis entender que el libro es una parodia divertida, amable y mamarracha de la saga/juego Dragones y Mazmorras, inspirada a su vez en cosas como El Señor de los Anillos. Sin embargo, no es necesario tener un buen mazo de cartas de Magic para entrar en la historia; pues en los primeros capítulos el autor va estableciendo esto que ahora llaman “lore”, o conjunto de trasfondos, historias, mitologías y detalles de un universo ficticio, que le dan profundidad y coherencia (que yo no lo sabía).

En esta toma de contacto nos enteramos de que los protagonistas, Puchi y Ermesinda, que han aparecido en este espaciotiempo (transmutados en dos héroes tipo Conan el Bárbaro y Xena), buscan el modo de regresar al nuestro por el consabido procedimiento de emprender un viaje pleno de aventuras, peligros y desafíos. Para ello, sus musculosos personajes cuentan con una fuerza y destreza bárbaras (guiño, guiño) y con su ingenio (en este caso, el que traían de casa; sobre todo, Ermesinda).

Para mí, el desarrollo pleno del libro se produce a partir del momento en el que, presentados los personajes principales y sus objetivos, se da una nueva vuelta de tuerca al lore ese, y todo se convierte en una tragicomedia de enredo que trasciende el género fantástico y se pasa tres pueblos y luego vuelve; no faltan ni vampiros, ni brujos, ni el Principito, ni un mayordomo llamado Igor. Perdón, Áigor.

No puedo sino recomendarles su lectura. Dramones y Modorras. Cuando hagan la película me pido ser Vánfir hijo de Fólfir. Daré la talla.

Como han podido comprobar vds, tras un periodo de hibernación, el Ávila Street Museum va despendolao, pleno de nuevos monumentos y monumentas. Hoy traemos el MOBOLITO dedicado a José Luis Gutiérrez Robledo, que incluye además otro ENG (Espacio No Googleano)*, el Paseo Gutiérrez Robledo. El Paseo y el Mobolito se encuentran en la acera donde confluyen la bajada del Paseo del Rastro con la C. Empedrada (la de la residencia Santa Teresa Jornet).

Va siendo un problema esto de que no me haga falta consultar la hemeroteca**, pues estén dedicando monumentos a personas a las que llegué a conocer (y durante algunos años, hasta llegué a trabajar en el mismo edificio que él). José Luis Gutiérrez Robledo fue un historiador muy comprometido con el patrimonio histórico de Ávila -claro- y su promoción turística; y también era un buen divulgador.

Lo del mobolito es algo que no me esperaba, pero viene así citado en la noticia de  AvilaRed que sus adjunto. Aunque hecho en piedra, parece evidente que no está tallado en nuestro Granito Abulense del Güeno™, que es más difícil de manejar.  Tiene alguna cosa rara; para mí que el señor del relieve se parece más a Einstein que al recuerdo que tengo de Gutiérrez Robledo. Y luego, su efigie está sujeta por una figura triste y andrógina, que lo mismo puede ser la musa de la historia (la del Renault Clio) que el cantante de los Héroes del Silencio.

Las Jornadas de Archivos es de lo más divertido que se organiza en Ávila

(*) Como expliqué en el Paseo de D. Jesús Hernández Bustos, los ENG’s  son nombres de espacios urbanos, con rango de paseo, parque, plaza o rotonda, pero que NO EXISTEN en nuestro callejero. Además, del citado paseo de Jesús Bustos, ya tenemos la Plaza de D. Francisco Hernández, el Paseo Rodríguez Almeida, el Jardín del Padre Liquete o el de Sefarad, las glorietas de Jesús de Medinaceli, del Escultor Antonio Arenas, de Las Vacas, del Doctor Carlos Marcelo Francos von Hünefeld, de Villeneuve sur Lot

Esto de dedicar jardncillos de menos de media obrada yo creo que puede ser por la ausencia de rotondas disponibles, al menos en la parte visitable de la ciudad, que por la periferia todavía queda alguna virgen.

(**) Si algún día me dedicáis algo, que sea un coprolito de granito.