Pino Puente

La escultura de hoy no necesita presentación, pero la vamos a hacer, porque en el Ávila Street Museum somos así de impertinentes. Esta figura tiene una razón de ser, quicir, las otras supongo que también, pero ésta está a la puerta de lo que antiguamente se llamaba Escuela de Artes y Oficios (y hoy supongo que tendrá un nombre mucho más rimbombante). Vamos, es donde hacen el bachillerato esos chavales que se pintan el pelo de colores y saben de lo que va la canción «Lucy in the sky with diamonds» (mi señora fue una de ellas, sé de lo que hablo).

Como no podía ser menos, pusieron una escultura a la puerta; de fierro morroñoso, lo bueno es que es de cuando el fierro morroñoso casi no se conocía por estos pagos, se puede decir que es el más postmedieval de nuestros morroños. Seguro que ahora que está de moda hasta para hacer fachadas de casas de señores ricos no se les habría ocurrido usar este material, los de Artes son así; ahora lo harían de adobe fabricado a la manera de Tombuctú.

Lo he llamado «Pino puente» por fastidiar, porque seguro que el artit-ta que la realizó pensó en otra cosa mucho más trascendental, como dos diapasones copulando; a mí me ha querido recordar algún episodio gimnástico de mi juventud. Ya sé que estrictamente hablando no parece estar haciendo el pino puente, pero los que hicieron gimansia con profesores reconvertidos desde la antigua asignatura de Formación del Espíritu Nacional seguro que recuerdan estas cosas.

Se ubica a la puerta del susodicho centro, en la Plaza de Granada, saliendo hacia la Avda de la Juventud.

I don’t like mondays

Interrumpimos la serie de santateresas para colgar hoy una novedad en el Ávila Street Museum: un concurso. Y no un concurso cualquiera. El titular de este bló, nuestro amado lidl, libre temporalmente de algunas de sus obligaciones, se ha mirao al espejo, un lunes por la mañana, y con un cacho del codiciado granito™ local, ha esculpido una figura en la que se autorrepresenta, resacoso y desmadejao, a punto comenzar sus obligaciones laborales. El relieve, lógicamente, se denomina Autorretrato.

Ojo, que la figura le ha quedao niquelá; el parecido es espectacular. Se le fue un poco el cincel cuando estaba con las manos, y ya no había manera de rectificar. Pero bueno, así parece postmedieval o más antigua, si cabe. Y aquí viene lo divertido; que el Camarada se lo ha currao pero bien: esta pieza, de enorme valor sintáctico, la hemos colocado escondida pero a la vista de todo el mundo, como la carta robada de Edgar Allan Poe.

¿Andandará? ¿Serán capaces vuesas mercedes de encontrarla antes de que los operarios municipales la descubran y la tiren a la basura, o peor aún, la coloquen en una rotonda?

Como pistas:

  • Un haiku:

Son tus amigos

estudiantes ávidos

de nicotina

  • Y una referencia cinéfila: Protagonista de El nombre de la rosa.
Cuaderno de campo

La ex-cultura de hoy, denominada «Registro de fitosanitarios» o «Cuaderno de campo» muestra (una vez más, paciencia) a Teresa de Jesús en una de sus facetas más desconocidas. Viajemos a la época postmedieval (hagan «fiuuuuu»), a un pueblecito llamado Gotarrendura, a cuatro leguas al norte de Ávila…

La familia de Santa Teresa tenía una casa solariega en esta localidad, y la pequeña Tere pasaba allí largas temporadas(1). Los Cepeda tenían -entre otras propiedades agrícolas- un palomar; citado por ella en sus escritos con nostalgia. Y por aquí llegamos a la estatua de hoy. Como todo agricultor de la Unión Europea, Teresa debía rellenar el documento conocido como Registro de Fitosanitarios, también llamado «Cuaderno de Campo Agrícola»; en este documento se registraban todos los potingues, emplastes y ungüentos destinados al saneamiento de plantaciones y cabañas ganaderas. El documento debía estar disponible ante una inspección inesperada de la Inquisición…

Si conoces la referencia, también eres postmedieval.

Teresa, muy concienzuda y adelantada a su tiempo, ya anotaba (véanla con pluma en mano, qué abnegación) en una libreta todos aquellos mejunjes y purgaciones que proporcionaba a las palomas, animal promiscuo y propenso a contraer parásitos. Estas dotes organizativas le servirían para la gran empresa fundacional que acometería en su madurez.

El monumento se ubica en la Plaza de la Santa (no confundir con la Plaza de Santa Teresa, en Ávila somos la leche de originales en esto de los monumentos y las calles). Esta plaza es en la que está la Iglesia de Santa Teresa, y su Casa-Museo, edificado sobre una de las casas en las que nació (la otra está en Gotarrendura, of course).

Bola extra: al fondo de la imagen pueden contemplar -intencionalmente borroso- un pedestal con un pequeño busto oscuro, en el rincón de la plaza; que trataremos en una próxima entrada.

Bola extra 2: ¿Os pensábais que lo del Contador de Teresas era coña?

1: De hecho, es posible que Teresa naciera en Gotarrendura. Si visitan el pueblo acepten esta versión o pueden ir de un vuelo al pilón. Según los estudiosos, es menos probable que la otra versión (Ávila), pero el caso es que no existe anotación de su bautismo en ninguno de los dos registros. ¿Nacería realmente en Cataluña?

Caminante no hay camino…

Qué curioso, hoy toca otra estatua de Santa Teresa. En Ávila somos así de originales, ya saben ustedes, si han leído entradas como el Contador de Teresas. Esta se ubica frente a la entrada del Convento de La Encarnación, en el que la Tere vivió durante sus primeros años como monja. La foto la ha hecho mi señora, por cierto, que suele pasear por aquella zona. Un día nublao, que al ser una figura de piedra oscura tiene su mérito que salga mona.

La escultura tiene su historia. En aquel tiempo postmedieval, los conventos, además lugares de castidad, pobreza y oración, también lo eran de retiro para mujeres nobles que enviudaban. En los conventos encontraban un lugar tranquilo donde terminar sus días; y a cambio de una generosa dote, tenían ciertos privilegios (criadas, visitas, wifi en las habitaciones, y otros lujos). Y todo ello sin tener que aguantar a ningún señorito pesao. Un win-win.

Esto afectó a la conciencia de Teresa, que decidió poner tierra de por medio: se salió del convento y fundó su propia órden, más austera; que comenzó en el convento de San José y la llevó a recorrer toda la geografía española abriendo sucursales. La escultura la representa así, «la santa andariega», armada con una buena garrota por si acaso, que ya en aquel tiempo había mucho gilipollas.

La empresa era peligrosa, no sólo porque que una mujer se dedicase a organizar algo era raro; sino porque sus ideas de renuncia y austeridad podían asimilarse a las de la reforma protestante; por ello fue investigada por la Inquisición, siempre con el mechero a mano. Incluso después de muerta, su figura ha dado lugar a divertidas discusiones sobre lo que una mujer puede ser o no ser.

Segunda unidad al 50%

Continuamos con las entradas dedicadas a Santa Teresa con un Pack Descuento. Porque, de la misma manera que a veces, cuando compras el champú, te viene emplastificao tojunto con un botecillo de suavizante de regalo, con la figura anterior (Qué he hecho yo para merecer esto) venía incluido esta otra, formando lo que parece ser un Jrupo Hescultórico. Muy disjunto, por otra parte; comparen vuesas mercedes el estilo más moenno de la anterior escultura, que parece surgir del bloque de piedra inacabado, con este chirimbolo estilo good ol’ days, que lo mismo podría parecer un monumento al leninismo que una pieza dedicada a los 25 años de paz.

Las air jordan postmedievales

He tratado de analizar e interpretar la obra, y es complicado decir algo coherente sobre ella. O incoherente. Vamo a ello. Al principio pensaba que las dos figuras de abajo eran una anunciación, pero en la wiki pone que las 3 figuras son ángeles (enzerio, yo tengo mis dudas). A ver (afoto ut supra) el que sujeta el libro está levitando, lo que ya de por sí da idea de que algún superpoder tiene que tener, pero fíjense bien en la siguiente imagen:

Fiat y no corras

El ángel de abajo -si es que lo es- no levita, es algo duro de oído y no tiene cabello de ángel como los otros (me refiero a los pelos, no al relleno de bayonesas o ensaimadas) y posa la mano en plan «puedo prometer y prometo» sobre un libro que sujeta el ángel levitador; en el libro se lee la siguiente frase: fiat voluntas tua sicut in caelo et in terra, que podríamos traducir como «Tu Fiat es como mi Seat pero en otras tierras». Por lo tanto, tampoco es una anunciación (en ese caso, la frase sería «Fiat mihi secundum verbum tuum«, que es un modelo de Fiat distinto). Podría ser -aquí va mi teoría- la propia Santa Teresa ante un notario, al formalizar el préstamo de la compraventa del coche, por ser importe superior a 30.000 €.

Si seguimos ascendiendo, veremos una posible finalidad de la estatua, y es la de servir de posadero a la fauna abulense. Un bello ejemplar de Passer domesticus nos contempla, altivo y circunspecto:

Gurriato

Para rematar la escultura, el ángel superior está sujetando… o bueno, en realidad no está sujetando, una estrella de cuatro puntas que flota sobre las ondas; es el símbolo de la OTAN, por lo que podría ser el Ángel Exterminador. Y, por cierto, ¿qué son esos brazos dislocados que aparecen trincando la estrella? ¿Las manos invisibles del mercado?

¿Josep Borrell?

Concluyendo, esto no tiene ni pies ni cabeza, pero sabemos que está relacionado de alguna manera con Santa Teresa (lo ponía en el ticket de compra). Está en un rincón algo umbrío, bajo la torre más alta de la muralla y se ha ido cubriendo de verdín por la cosa de las inclemencias, lo que le da un cierto aire de abandono, pareciendo más antiguo de lo que es. Y, lo que es peor, queda eclipsado por las demás figuras que tiene a su alrededor y la gente no se hace selfies delante de él, por lo que, además de un incomprendido, quizá sea el más melancólico de nuestra ciudad.

Segunda entrada consecutiva dedicada a Santa Teresa. Esta se denomina «Qué he hecho yo para merecer esto», y a diferencia de la anterior, su ubicación ya no es al 100% en la plaza de Santa Teresa, existen dudas de si está en esta plaza, o si eso ya es el Paseo del Rastro, o si sigue siendo la Calle San Segundo, o el jardín Rodríguez Almeida. Pero vamos, que está enfrente de la otra.

Si la primera estatua de la Tere, la que corona la palomilla, la muestra un poco extática y agarrando un libro cerrao; en ésta, con su pose, parece preguntar a los cielos «por qué a mí», sin duda, refiriéndose a la dispersión de sus restos. Porque, a pesar de que cuando veía próxima la muerte pidió ser enterrada en cualquier sitio bien tapado, poco le duró el descanso. Para empezar, murió el 4 de octubre de 1582, y fue enterrada al día siguiente, el 15 de octubre. Ni el calendario se portó bien.

Inicialmente fue sepultada donde le pilló la parca, en Alba de Tormes. El obispo de Ávila quiso trasladarla a nuestra ciudad, pero no contaba con que aquella localidad salmantina, si bien de menor rango que su episcopado, era la patria chica del ducado más famoso y jrande de España, y el duque le dijo al obispo que calladito estaba más guapo. Pero lo que no pudo evitar es que empezase el despiece…

Ronda de marcadores, minuto y resultado:

  • El brazo izquierdo y el corazón, en unos relicarios junto al cuerpo incorrupto (o lo que queda), en Alba de Tormes.
  • El pie derecho, parte de la mandíbula superior y del cráneo, y varios dientes están en Santa María della Scala y San Pancracio, Roma.
  • Una mano en Lisboa.
  • El ojo izquierdo y la otra mano (que Franco conservó hasta su muerte), en un convento de Ronda.
  • Tráquea, en Nápoles
  • Clavícula derecha y uno de sus dedos, en Bruselas (Bélgica)
  • Clavícula izquierda, en el convento de San José de Ávila
  • Dedo meñique de la mano izquierda: Iglesia-convento de la Santa (Ávila)
  • Más dedos, en París (Nuestra Señora de Loreto), Sanlúcar de Barrameda, Roma (Convento de Medina Coeli), Sevilla, Gante, Amberes.
  • Una costilla en el Desierto de Sant Angelo (Lombardía)
  • Muelas, dientes y uñas, en Toledo, Santiago de Compostela, Puebla (Méjico), Milán, Nápoles Malagón.
  • Trozos de carne, en los conventos de Carmelitas descalzas de Madrid, Valladolid, Malagón, Salamanca, Segovia. Beas de Segura, Villanueva de la Jara, catedral de Nápoles, basílica de Santa María la Mayor de Roma.
  • Trozos de huesos, en los conventos de carmelitas descalzas de Palencia y Sevilla.

La escultura, para no sufrir el mismo destino, está realizada en pedrusco postmedieval del caro. Y forma parte de un grupo escultórico (al parecer, venía incluido en el precio) que se complementa con un obelisco-chirimbolo que se encuentra detrás, y que detallaremos en el siguiente post.

La palomilla

En estas fechas veraniegas de orgía y desenfreno he dejado programadas algunas entradas para el Street Museum relacionadas con Santa Teresa, una de nuestras patronas (que tenemos varias). Comenzamos por su más alta efigie, una escultura como de un autobús de altura, dedicada conjuntamente a las Jrandezas de Ávila, pero coronada por Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada; incluso por encima de otra de las hojomeneadas, la ya citada en este bló, Isabel de Castilla, en un imperdonable error de protocolo.

Atiende al nombre de «La palomilla», no me pregunten por qué, y es una especie de «paseo de la fama» avant la lettre. En cada uno de los lados figura una relación de famosos abulenses: Santos, Escritores, Políticos y Guerreros (sic). Al parecer, no vale repetir, porque Teresa habría podido estar en todas, sobre todo en la de guerreros (preguntadle -con la ouija- a la Princesa de Éboli). La relación es postmedieval y no se renueva desde la inauguración del monumento, algo a lo que desde este bló animamos; pofavó, que será digno de ver la que se lía para ver quién aparece en alguno de los epígrafes. En la de políticos probablemente haya que establecer categorías por peso, como en el boxeo (y no estoy pensando en nadie en concreto). La de guerreros se completaría con deportistas y cortadores de jamón, que son lo más parecido que tenemos ahora en cuanto a defender nuestra bandera allende los mares.

El monumental monumento se ubica (oj, casualidad) en la Plaza de Santa Teresa (que los abulenses conocemos como «El Grande» o «El Tontódromo»). No está en el centro, aunque sí en su eje central; mirando hacia la muralla (y hacia otra estatua de ella misma, que todavía no podemos desvelar hasta que no aparezca en el bló) y con la Iglesia de San Pedro a sus espaldas. Durante unos 20 años estuvo en el Jardín del Recreo, en el lugar donde ahora podemos admirar la hovra «Jurassic Park«. Se trasladó a aquel parque conjuntamente con un bello templete músico-festivo que también estaba en la plaza de Santa Teresa (y que, en este caso, allí sigue), cuando la plaza se convirtió en un parking vigilado por «El Fórmula», famoso gorrilla abulense que, injustamente, no figura en la relación del monumento, siendo -en su momento- más conocido que la mayoría de ellos.

Tumba

El camarada titular de este bló me ha pedido una explicación al monumento del Street Museum más cercano a su domicilio actual, y esta explicación que le debo se la voy a pagar. Se trata de la Tumba del Quinto Beatle Desconocido.

El cementerio más pequeño de Ávila, y uno de los más pequeños del mundo, está ubicado en la Plaza de Salamanca; lugar en disputa entre las calles Dr. Fleming y Avda de Portugal y que poca gente sabe que es una plaza. Y mucho menos, que es un cementerio. Un cementerio con una sola tumba, con una pradera de como 0,07 Bernabéus, y protegido por algunas coníferas y ciruelos.

Cuando en la época postmedieval comenzaron a aparecer las personas candidatas a la denominación de «El Quinto Beatle«, hubo una auténtica batalla campal por ser considerado el Único Quinto Beatle que dejó innumerables bajas (la mayoría, a manos de Yoko Ono). Uno de ellos fue a dar con sus huesos aquí, y como tal es honrado en este bello sepulcro. Y no, no es Apu Nahasapeemapetilon. Es des-co-no-ci-do. Cuenta la leyenda que algún día se alzará de su sepulcro y explicará el sentido real de la canción Lucy in the sky with diamonds.

La pieza está realizada en Granito Abulense, hábilmente tallado para que parezca antigua, hay quien dice que visigoda, aunque… ya tú sabeh lo que pasa con eso. La tapa se encuentra algo deteriorada como consecuencia del Crack de 1929. Y, lo más importante, hay alguien que le echa migas de pan a los gorriones, alrededor de la tumba, casi todos los días.

Gog y Magog

Alcanzamos con esta entrada la decena de obras del Ávila Street Museum, con un par de figuras que adornan la entrada principal a la Catedral: Gog y Magog. Como se ven desde la calle, pertenecen a nuestro ámbito del Street Museum. Vamos a explicar el origen y leyenda de estas bellas imágenes postmedievales. Y son postmedievales porque, aunque la Catedral sea muy medieval y mucho medieval, éstas figuras no lo son.

Ërase una vez un obispo al que se le puso en las narices trasladar la puerta principal original medieval desde el lado oeste al lado norte. Para que mirase hacia su episcopal palacio; como quien pide que le cambien la bañera por un plato de ducha. Hízose lo que pidió, y ahora esa puerta luce fermosa en el lado norte, pero si la visitáis y sus fijáis bien, veréis que de los 12 apóstoles (6 a cada lado), los dos de fuera ya no están colocados como los demás, porque no entraban en el hueco. Aparte, claro, hubo que hacer una puerta nueva para el lado oeste. Y ya se había terminado la edad media y agotado el presupuesto; por eso el pórtico está rematado con piedra de marca blanca que se deshace (en lugar del Granito Abulense™), la torre derecha está a medias y con una sobrechapuza de ladrillo, uralita y pladur.

Para adornar la nueva puerta, hartos de florituras, se labraron estos dos monstruos bíblicos. ¿Quiénes son Gog y Magog? Gog, el de la izquierda, es el demonio que llegado el fin de los tiempos castigará a los que te envían mensajes de audio por whatsapp cuando estás en el curro. Magog, a la derecha (al que además pusieron la cara de aquel obispo tocapelotas), es el que atizará con su enorme porra a los que no silencian el móvil en el teatro, en especial a uno que el otro día osó contestar en mitad de la obra para decir bajito «que no puedo hablar, que estoy en el teatro» y siguió viendo la representación tan tranquilo. «Le darán la del pulpo, le crujirán los acostillares, le reventarán el móvil y quedará sin datos ni wifi por toda la eternidad.» (Apocalipsis, 65:65). Así sea.

Jimena

La moda también tiene cabida en el Ávila Street Museum. La figura de hoy se denomina «Chica Cosmopolitan Postmedieval», y se ubica en la Calle de San Miguel, cerca de la Plaza de Santa Teresa. No suele ser objeto del turisteo, porque está un poco escondida y a trasmano, a pesar de estar en un lugar muy céntrico. Es una pena; no dejen de visitarla, porque además, esta figura, que fue regalada a la ciudad por una empresaria, seguro que les encandila.

La escultura representa a Jimena Blázquez, chica portada en el Cosmopolitan de marzo de 1107. Jimena (o Ximena) se nos aparece ataviada con un vestido largo de la época, que oculta aunque no disimula sus turgentes curvas, y parece acabar de despojarse de un complemento ideal para ir a las justas y torneos: un sombrero. Y tiene una curiosa leyenda…

Cuenta la historia que Jimena era la alcaldesa de Ávila (cuando ese término únicamente designaba a la esposa del alcalde) durante el belicoso reinado de Aifon VI. Su marido, Fernán López, avisado de la presencia de moros en veraniega aceifa tal que pallí, salió de la ciudad con todos los hombres, con idea de expulsarlos al otro lado de las montañas. Sin embargo, esto era una estratagema, pues el enemigo se presentó tal que paquí, frente a las recién estrenadas murallas de Ávila. Cientos de recios hombres armados frente a unas cuantas mujeres, ancianos y niños…

Las milicias abulenses volvieron apresuradas en cuanto tuvieron noticia de la situación, temiéndose lo peor. Maravillados quedaron, tras comprobar a su llegada que los enemigos eran idos, y la ciudad estaba inexpugnada. Ximena contó a su marido que, bajo su mando, las mujeres se habían subido al adarve de la muralla disfrazadas con lo que encontraron para parecer guerreros, haciendo entrechocar perolas y sartenes para simular ruido de armas, y así hicieron desistir a los sarracenos de intentar un ataque a lo que parecía una ciudad bien defendida.

Fernán y sus hombres se lo creyeron.