Actualmente, A.K.A. Museo del Ejército o Archivo Histórico o algo así…

El palacio que hoy traigo a este bló tiene varios nombres. En Ávila los más talluditos lo conocemos como «la academia», pero actualmente la academia más académica de esta ciudad no es esa, es la (loca) academia de Policía. Ésta de la foto, durante un siglo maomeno, fue la escuela del arma de intendencia, esto es, los que se ocupan del abastecimiento de los demás ejércitos. Una vez trasladada a Zárágózá, el edificio pasó a albergar (tras unos años de incertidumbre) el Archivo Histórico Militar y un pequeño museo intendentil. Es visitable por la patilla.

El edificio es chulo por la parte de delante, pues corresponde a un palacio renacentista, aunque muy reformado y recauchutado. Es uno de los más bonitos que tenemos, sus dueños (los señores de Polentinos y/o Contreras, condes y marqueses y todo eso) fueron de los de más chiripitifláuticos de Ávila. Por la parte de detrás no es tan chulo, más bien vulgar, pues fue necesario ampliarlo en sucesivas intervenciones para que entrasen los estudiantes cadetes y toda su parafernalia, ocupando una enorme manzana dentro del recinto amurallado que además se llevó por delante la iglesia románica de Santo Domingo (en este caso, con el ejército hemos topado). De esta iglesia sólo queda la puerta, que se colocó en otra iglesia más nueva.

Como hemos dicho, el palacio es bien bonito, aunque hay un cartel a la puerta que, a modo de reclamo, dice » ¡Tenemos un Ferrer-Dalmau! «, que es ese pintor tradicionalista y de las J.O.N.S. que pone palotes a los de BOCS por su ardor guerrero… Que cada uno se pone como se pone, pero a la puerta de un edificio tan plateresco y tan mono, del XVI, presumir de un cuadro pintao hace un cuarto de hora, chirría un poco.

Y próximamente tendremos en este bló una nueva escultura merecedora de entrar con honores al Ávila Street Museum, que se encuentra en esta mesma A.K.A.Demia. De Santa Teresa. Otra.

Avila tiene tren, pero no tiene tranvía

Nuevamente, mi simpar perspicacia me ha permitido descubrir un monumento que, según reza el cartelillo, llevaba escondido a la vista de todos casi 12 años. El chirimbolo cuya foto les he plantificao ut supra es un monolito de granito pequeñito que en su día conmemoró el centésimo quincuagésimo aniversario de la llegada (de las vías) del tren a Ávila. El chisme se ubica a la puerta de la estación de ferrocarril (innominada) de nuestra ciudad que, al tener paredes del mismo material pedregoso, deja al monumento algo invisibilizado.

El monumento, visto desde el google maps

Lamento informar con tanto retraso de este monumental homenaje, pero creo que es lo que últimamente se merece este medio de transporte, antaño puntual, veloz y frecuente. Al menos tenemos estación, dirán algunos. Tras un par de patadas a la hemeroteca, he encontrado el reflejo de la inauguración del pedrusco; el 13 de octubre de 2013, siendo entoavía alcalde Don Miguel Ángel García Grandson.

Cito las palabras del munícipe por antonomasia: «Esta placa  nos recuerda lo que fuimos para que no se nos olvide lo que queremos ser». Se ve que ese día se levantó grandilocuente. Supongo que se refería a que la placa no la ves ni aunque te tropieces con ella.

Gelifractum est (Foto @gbuenadicha)

A instancias de nuestros lectores**, siempre atentos a todo lo que acontece en esta nuestra ciudad, el Ávila Street Museum se complace en incluir entre sus engendros esta escultura que, como aquella carta robada de Edgar Allan Poe, estaba «oculta a la vista de todos»: el Monumento a la Gelifracción. Se ubica en la mediana prerrotondera de la Calle Nª Sra. de Sonsoles, según desciende hacia la Plaza del Descubrimiento. Lleva allí desde 1992 sin que nos hubiésemos percatado de su existencia. Que no se entere el Camarada, normal; pero lo mío no tiene perdón.


“Gelifracción” viene a significar algo así como “rompehielos” sólo que a la inversa; en este caso es el hielo el que rompe cosas, por esa extraña particularidad que tiene el H2O de expandirse cuando se solidifica, actuando como una cuña cuando se mete por las rejendijas de las piedras hasta conseguir meteorizarlas; como si fueran un partido de izquierdas en un congreso por la unidad ideológica.


En este caso el artista quiso representar el proceso como una cápsula del tiempo. El monumento, de estilo cubista/poligonero, se plantificó allí hace muchos años, disimulado en forma de ideograma simbólico-historicista; pero fue concebido de una manera tan ingeniosa que, pasados los eones, es ahora cuando constituye un vivo ejemplo del citado fenómeno geológico. Todo ello gracias a usar un material poco abulense (excepto para el granítico pedestal); ya nos pasó con el enlosado de la Plaza de Santateresa, que al llegar las primeras heladas ya parecía la bandeja del turrón.

Vista del monumento, de la sombra del fotógrafo y de la bici del fotógrafo

Estamos a la espera de que, completado su desarrollo conceptual, sea reinaugurado por las autoridades locales, bajo un titular de Avilared que incluya el adverbio “ahora”, con esa manera tan irónica que tienen de apelar a la hemeroteca y que tanto deleita a los ciudadanos abulenses.

POST-IT: Nuestro crítico de cabecera, Gebue Nadicha*** no descarta que el autor también quisiera reflejar el poder destructor de las naturaleza en su conjunto pues, aprovechando las hiendas creadas por el hielo, algunas especies vegetales han conseguido enraizar en el monumento, colaborando así a su lenta pero inevitable destrucción.

Detalle vegetal

(*) Lo incluimos en el Street y no en el Road porque no está (aunque estuvió originalmente) en el centro de la rotonda.

(**) En realidad, nuestro lector y autor de estas fotos a su vez ha leído la nota de otro lector que había comunicado el lamentable estado de esta escultura al Diario de Ávila, sin conocer que todo formaba parte de un plan.

(***) Que se ha negado a aparecer en una nota al pie, por lo que adoptamos excepcionalmente esta otra figura retórica.